Saqueo público y nobleza humana


N o hay para mí nada como el cansancio producido por la falta de sueño para dudar a la hora de elegir el tema de un artículo. Me cruza por la mente Duran i Lleida, líder de Unió Democràtica de Catalunya, el primer partido condenado por desviar para su financiación los fondos destinados para la formación de parados, y pienso también en la bochornosa lentitud de la Justicia que se toma 14 añitos para emitir su fallo. Solo Luis Roldán ha batido el ignominioso récord de robar a los parados, ya que el exdirector de la Guardia Civil les robó incluso a las viudas. En el tren madrileño de cercanías en el que viajo, un viajero con gran sentido público recoge del suelo un objeto pequeño y lo tira en la papelera en un gesto que, en primer lugar, naturalmente, le honra a él y, por él, a toda la especie humana, por su solidaridad, como cantó Cernuda, por otro gesto noble, en su poema 1936 dedicado a un soldado de la Brigada Lincoln. Con menos cansancio, yo a ese hombre lo habría felicitado. Frente al saqueo tan frecuente y la catastrófica administración del dinero de todos, un noble gesto con sentido público alegra la mañana. Y, por la vía de la nobleza, leo, en edición bilingüe, poemas del fantástico libro Préstame tu voz / Déixame a túa voz, de Branca Vilela, que acaba de recitarlos en Madrid en la Biblioteca Pública Retiro. Sus temas sociales, cantados con soberbia, justísima y muy bella furia, a más de un muerto lo habrán despertado de su sueño eterno.

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Saqueo público y nobleza humana