El nacionalismo como patente de corso

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

09 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Los nacionalistas catalanes -no solo ellos, aunque ellos de manera destacada- practican hoy una particular ley del embudo: mientras exigen un respeto escrupuloso y general para su desafío secesionista, se creen con derecho a criticar con extrema dureza a cualquiera que a su juicio no cumpla con exquisita pulcritud el papel que tiene constitucionalmente atribuido.

Y así, al mismo tiempo que acuerdan la creación de un pomposo Consejo Catalán de Transición Nacional, anuncian una declaración parlamentaria sobre el derecho a decidir de Cataluña -donde reside, según CiU y ERC, la soberanía nacional- y proyectan aprobar una ley para dar cobertura a esa consulta, manifiestamente contraria a la Constitución, que prevén celebrar el año próximo, los nacionalistas catalanes han criticado con dureza al jefe del Estado por defender la unidad del país en la entrevista que le hizo en TVE Jesús Hermida y al ministro de Defensa por su referencia a que los militares afrontan, «con ánimo firme y sereno» las «absurdas provocaciones» de las que supuestamente son objeto.

Mi opinión sobre esas actuaciones del rey y del ministro son, desde luego, muy distintas. Don Juan Carlos declaró algo que para nada viola su papel como jefe del Estado sino que, por el contrario, resulta coherente con el principio de unidad inscrito en el artículo 2 de la Constitución. En claro contraste, las palabras de Morenés son de una imprudencia manifiesta, pues que el Ejército, como colectivo, no tiene otra obligación que obedecer al poder civil -es decir, al único que existe en el Estado democrático- es tan evidente que el mero hecho de agradecerlo a los militares podría interpretarse por estos como una forma implícita de admitir que cabe actuar de un modo diferente, lo que supondría una locura.