Golpe a la pornografía infantil


Alfonso X, al que la historia conoce como el rey sabio, dijo aquello de que «el que queme el monte, al monte». Evidentemente quien esto escribe no es partidario de métodos punitivos tan drásticos como el del erudito monarca, pero sí lo es de que a los miembros de la desmantelada red de pornografía infantil que operaba en nuestro país les sea aplicado todo el peso de la ley en caso de que se demuestre su culpabilidad. Nuestro Código Penal necesita ser revisado, con el fin de que las penas previstas para este tipo de delitos sean más severas. No es de recibo que a individuos condenados por hechos de esta enjundia les impongan la excesivamente benévola pena recogida en el artículo 189 del precitado texto legal. En el peor de los casos para el sentenciado, de cuatro a ocho años. Como si de una estafa de poca monta se tratara. ¿Se les ocurre delito alguno merecedor de mayor castigo? Estamos hablando de niños que quedarán marcados psicológicamente de por vida. Ellos y sus familias. Es harto difícil toparse con un acto cometido por un ser humano, por llamarle de alguna manera, más merecedor de sanción. En esta ocasión discrepo de mi admirada Concepción Arenal cuando insistía hasta la saciedad en que se debe odiar el delito y compadecer al delincuente.

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Golpe a la pornografía infantil