Dos años después, la lucha continúa


Cuando el joven y desesperanzado Mohamed Bouazizi se roció con gasolina y se prendió fuego el 10 de diciembre del 2010, no tenía idea de que su acción daría arranque a un fenómeno histórico que, sin duda, marcará un antes y un después en la historia del Magreb y Oriente Próximo y que está lejos de haber culminado. Dos años después, Túnez, liberado de Ben Alí, y Egipto, de Hosni Mubarak, con parlamentos constituyentes de mayoría islamista y en proceso de aprobación de sus cartas magnas, no son la sombra de las aspiraciones que llevaron a decenas de miles de sus ciudadanos a las calles y plazas de sus ciudades.

El paro sigue siendo apabullante, los precios siguen subiendo y la corrupción y la injusticia no se han corregido. Envalentonado con sus pírricos éxitos diplomáticos, el presidente egipcio Mohamed Mursi emitió un decreto que lo blindaba en todas sus decisiones hasta la aprobación de la nueva Constitución, cuyo borrador redactado solo por los islamistas, apenas si tardó un día en pasar para solicitar su tramitación por referendo. La advertencia del Ejército egipcio ha obligado a Mursi a retirar su decreto, pero la oposición sigue pidiendo también la cancelación del referendo constitucional y un texto consensuado.

Por su parte, las protestas de los trabajadores en Siliana, bajo el amparo del férreo sindicato UGTT, son la muestra de que tampoco los tunecinos darán carta blanca al partido islamista de En Nahda. En ambos casos, tras décadas de dictaduras, la resistencia de la oposición es clave para impedir la consolidación de un Estado islámico y la inmersión en la oscura noche de la represión al más puro estilo saudí e iraní.

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Dos años después, la lucha continúa