El bus de Mónica como metáfora de España

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

18 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

U n infierno: eso era para Mónica Patricia, según su familia, el bus escolar que la transportaba a su colegio. La joven Mónica Patricia se suicidó en Ciudad Real el miércoles pasado para liberarse del acoso al que algunos compañeros la tenían sometida.

Tras leer la trágica noticia, mi irritación fue mayor aún que mi tristeza, pues, por más vueltas que le doy, no logro entender cómo quienes viajaban con Mónica -el chófer, pero también sus restantes compañeros- no hicieron nada para evitar la barbarie del acoso. Y es que uno puede comprender que haya un grupo de malvados que vejen a una joven y la obliguen a ir de pie en el autobús todos los días, pero incluso a mí, que tengo en la condición humana poca confianza, me resulta inconcebible que ningún chaval tuviera el coraje y la decencia de plantarles cara a los acosadores, defendiendo al débil contra quienes abusan de su fuerza contra él. Si las escuelas de España no sirven para enseñar algo tan elemental es que no sirven para nada.

Aunque terrible, el episodio podría servir, sin embargo, y por extraño que pueda parecer a simple vista, como metáfora del funcionamiento de un país en el que nadie en la sociedad quiere ser responsable de sus actos, de modo que siempre hay una teoría socorrida para echar la culpa de todo a los demás: a las autoridades educativas, en el caso de Mónica Patricia, que no pudieron evitar lo que deberían haber impedido antes que nadie sus propios compañeros, si hubieran tenido el sentido de la piedad y la empatía que se le supone a cualquier ser humano digno de tal nombre.