Motivos para indignarse


Cada vez que se conoce una estadística sobre fiscalidad aumentan los motivos para indignarse. La combinación de los datos de tres estadísticas oficiales conocidas en los últimos días nos describe una realidad fiscal absolutamente inaceptable.

La primera la proporciona Eurostat, que señala que España sigue estando entre los países con menores ingresos públicos de toda la zona euro. En el 2011 el conjunto de las Administraciones públicas de España recaudaron una cifra equivalente al 35 % del producto interior bruto (PIB) español, un pobre porcentaje en términos comparados porque nos sitúa 10 puntos por debajo de la media de los países del euro. Como el PIB español es de algo más de un billón de euros, es fácil calcular que si España tuviera la misma presión fiscal que la media, los ingresos públicos aumentarían en 100.000 millones de euros cada año. Sí, ha leído bien, con la misma presión fiscal que los alemanes, en España no tendríamos ningún problema de déficit, que es ahora de 70.000 millones año, y además nos habríamos ahorrado los brutales recortes que hemos sufrido en los dos últimos años.

Pero hay algo más indignante. Y es que en realidad los tipos de la mayoría de los impuestos son iguales aquí que en la zona euro. Y con las últimas subidas del IVA y del IRPF, España ya está entre los Estados con tipos impositivos más altos. Dicho de forma clara, un asalariado español paga proporcionalmente por IRPF e IVA más de lo que hacen la mayoría de los trabajadores de la Unión Europea.

¿Cuál es la explicación de este desfase? Pues dos: el fraude y las ventajas fiscales a las rentas altas. Empezando por el segundo, la Agencia Tributaria acaba de publicar un informe con un resultado sorprendente: a pesar de que en España el tipo oficial del impuesto de sociedades es del 25 % para las pequeñas y del 30 % para las grandes empresas, en los tres últimos años tributaron tan solo por el 10 % de sus beneficios. Y la comparación con la media europea es otra vez ilustrativa, porque con tipos nominales similares el tipo efectivo medio en los países euro fue del 26 %, casi el triple que el nuestro.

Un enrevesado y confuso sistema de deducciones, ajustes y desgravaciones del que se benefician de forma casi exclusiva las grandes compañías explica este desfase, que solo en el 2009 supuso unos menores ingresos para el Estado de 30.000 millones de euros, una enorme cifra que equivale a la mitad del desfase en el objetivo de déficit de ese año.

Y además el fraude fiscal. En lo que va de 2012 la Agencia Tributaria ha detectado fraude por un importe de 6.415 millones de euros, que, como siempre, se concentra en el IVA y en el impuesto de sociedades. Fraude que se concentra en las grandes empresas, las que facturan más de 100 millones de euros anuales.

Por eso hay motivos para estar muy indignados. Como contribuyentes pagamos impuestos como el que más y como ciudadanos sufrimos durísimos recortes para equilibrar unas cuentas públicas que desequilibran el fraude y los regalos fiscales a las grandes empresas y las rentas más altas.

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