La generación mejor pre-parada


La crisis golpea con mayor fuerza a las economías periféricas y escasamente sólidas. Examinando los datos de las comunidades autónomas españolas tenemos que existe una relación directa entre la variación del PIB y la ocupación, de tal forma que en aquellas zonas donde menos ha disminuido la producción es donde menos se ha visto mermado el empleo. Galicia se sitúa por debajo, tanto en términos de empleo como de producción, de la media española. Por eso, la insistencia de los expertos en centrar las políticas económicas en el crecimiento. Los datos arrojan otra conclusión muy relevante: la caída del empleo ha sido muy notable. La tasa de paro en España ha pasado del 8,3 % en el 2007, al 21,6 % en el 2011; la de Galicia se amplió del 7,6 % al 17,4 %, destacando por ser una de las zonas donde más rápidamente ha crecido el paro.

Lo relevante es el paro de los jóvenes. Este es el colectivo donde está recayendo la mayor parte del ajuste del empleo. Y lo es por dos motivos. Primero, por ser los últimos en incorporarse al mercado de trabajo; y por haberse visto más afectados por los contratos de carácter temporal. En Galicia la tasa de paro de los jóvenes entre 16 y 24 años ha pasado del 15,9 % en el 2007 al 37,6 % en el 2011, cifra que cuadruplica la media comunitaria.

En Galicia también es muy notable el desempleo de larga duración. Corresponde a una situación en la que la economía no es capaz de ofertar nuevos niveles de ocupación y las perspectivas de las actividades económicas no son halagüeñas. Antes de la crisis, el paro de larga duración era escasamente relevante; pero en la actualidad es muy preocupante. En Galicia, los parados de larga duración han pasado de representar el 26,4 % en el 2007, al 46,8 % en el 2011. De ahí, la trascendencia de aplicar políticas activas de empleo en aras a facilitar tanto mejores condiciones a las empresas, en nuevos posicionamientos, como a incrementar la formación y cualificación de los trabajadores, para que ambas acciones redunden en mejores niveles de productividad y competitividad.

Cuando se analiza el mercado de trabajo, resulta obligado efectuar una referencia a la cualificación. Resulta obvio que la crisis ha afectado a todos los tipos de empleo. Pero los más cualificados muestran tasas de paro menos abultadas. De esta forma, los empleados con cualificaciones medianas y bajas son los que más están sufriendo las pérdidas de empleo; y sobre los que más se han concentrado las bajas laborales.

Los últimos datos sobre el capital humano en Galicia reseñan que el nivel de cualificación está por debajo de la media nacional, un problema potencial de cara al futuro. Esta posición relativa del indicador de desempeño educativo subraya el agujero de Galicia frente a los demás competidores.

Estas reflexiones no hacen más que incidir en las propias conclusiones que la OCDE acaba de presentar. Dice el informe Panorama de la educación, que España es el país europeo con más jóvenes que ni estudian ni trabajan (generación nini) por falta de empleo y de reenganche escolar. Por tanto, preocupa el hecho de que pese a tener una cualificación mejor que en épocas pasadas, el desempleo haya crecido más en todos los niveles, y más en los niveles inferiores. Por otro lado, otro estudio reciente llama la atención sobre la rentabilidad de la educación. Su director, Ángel de la Fuente, subraya: «Si el Estado gastara 100 euros en una plaza escolar, a través de los impuestos futuros se recuperaría el 30 % del coste en secundaria y más del 90 % en grado universitario». O sea, un gran negocio e inversión para el sector público, puesto que volvería más dinero al sistema.

Las conclusiones más sobresalientes las resumimos en dos evidencias. Tenemos la juventud mejor preparada a nivel de cualificación profesional, después de un enorme esfuerzo de inversión pública a todos lo niveles; y, sin embargo, dicha preparación no es más que una precondición para el desempleo. Al mismo tiempo, podemos afirmar que «los jóvenes no conocen cuánto aumenta el salario por un año más de educación, y cuanto cae la probabilidad de estar desempleado». En suma, si el Gobierno actuara con más racionalidad tomaría buena nota de lo siguiente: niveles educativos más altos y menores tasas de fracaso supondrían un impacto menor de la crisis; y, sobre todo, en lo tocante al empleo.

Por Fernando González Laxe Expresidente de la Xunta

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