Contra el orientalismo cutre como modelo


Se conocen como campeones ocultos las empresas que controladas por un núcleo familiar estable (sean o no sus directivos) buscan hacer máximo el valor de su empresa en el largo plazo. Se distinguen así de las grandes corporaciones donde los ejecutivos se han hecho con el control para buscar la revalorización de las acciones en el corto plazo. Mientras que las primeras consideran al cliente oro puro al que hay que adaptarse, en las segundas suelen darse conductas de dominio en perjuicio de los usuarios.

Piense en un servicio (por ejemplo, de restauración) suministrado por una franquicia estandarizada para el mercado global. Se trata de producir en serie, contratar empleados nada especializados, con bajos salarios, por horas. Prima la simplicidad, la no variedad. En ocasiones encontramos empleados que no conocen su catálogo, que no saben responder. Lo genuino se sacrifica en aras de lo barato. El ejemplo podría ser también bancario o de seguros.

Las corporaciones proveedoras de lo barato, para rentabilizarse al máximo en el corto plazo, son las que inundan los mercados de gangas, rebajas, ofertas y liquidaciones. Bienes antes duraderos ahora ya no se problematiza que tengan una vida útil cada vez menor; son más baratos, se producen y se venden más veces. Es así como los realitis televisivos (servicios de ocio sin contenido alguno) se definen por su cuota de pantalla masiva como campeones de la demanda. La telebasura triunfa frente a lo genuino.

Claro que, objetivamente, el precio de la peor calidad sin duda lo paga el cliente. Los costes que el bajo precio no muestra no desaparecen, se trasladan a otro ciudadano (el empleado precario o el parado) o a otro momento (volver a comprar lo mismo); también se resienten la fiabilidad, la previsibilidad, el cumplimiento. La confianza deja paso a la desconfianza.

Aquellos campeones ocultos, por el contrario, ofrecerán bienes o servicios que fidelizan a sus clientes por otras vías que la mera oferta del artículo más barato. No sustituyen el personal de información o venta por expendedores automáticos (es el caso de la asistencia robotizada por teléfono). En ellas se trata con personas, si puede ser con la misma, y con personas contentas (sean comerciales o proveedores). La empresa es visible a través de personas a las que se asegura un bienestar y seguridad profesional.

Estos modernos campeones ocultos (algunas marcas y empresas hay entre nosotros) son los que pueden evitar fabricantes siervos de distribuidores de lo barato y de lo mediocre. Afirmemos el valor de lo genuino en nuestras compras. De lo contrario alimentaremos tanto el trabajo servil como un medio ambiente degradado: un orientalismo cutre como modelo competitivo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
46 votos

Contra el orientalismo cutre como modelo