El sindicato de prestamistas llama dos veces


Sostenía ayer el presidente Rajoy: «hemos vivido con demasiado crédito». Y con demasiados grandes acreedores. Creo que por eso se equivoca al aplazar la solicitud de una segunda ayuda al Fondo Europeo de Estabilidad. Un segundo crédito que confirmará mi previsión del pasado miércoles en este diario. Y no me alegrará acertar; por las consecuencias que resumía ya en esa columna; consecuencias que se agravarán cada semana que pase.

Dejémonos de eufemismos. La escenificación de la troika (Banco Central Europeo, Eurogrupo y FMI) de estos últimos días fue una ratonera con la que se nos conduce hacia un préstamo forzoso. Un préstamo forzoso para que la burbuja de deuda soberana en que mutó la burbuja inmobiliaria perjudique lo menos posible a los prestamistas. Es decir, a las entidades e inversores (propios y ajenos) que han llevado al país a una segunda recesión.

Para más emoción, mientras los países rescatados (Grecia, Portugal e Irlanda) quedaron fuera de los mercados de deuda, nosotros seguiremos dentro. Y eso significa que, a partir de la petición que al final, como tantas cosas que no haría, hará nuestro presidente, en el mercado primario de deuda en vez de comprar todo el papel nuestros propios banqueros a precios de usura, lo harán los financiadores del Fondo.

Financiadores y FMI que impondrán su modelo estándar de ajuste a sangre y fuego, con el único objetivo (inconfesado y temerario) de escapar de una quita radical en el valor de los títulos españoles (públicos y privados) que constan en sus activos. Pero que no cejarán por añadir unas decenas de miles de millones más de recortes.

Solo después parece que el BCE podría, incluso, apiadarse de nosotros y aflojar la soga de la prima de riesgo que (ya sin duda alguna) sabemos que baila en el mercado secundario al son que toque Draghi. O admitirles a los bancos nuevos papeles subprime a cambio de euros de liquidez, euros con los que compren (ellos sí, el BCE no) títulos del Fondo Europeo de Rescate.

Estrategia temeraria porque al poner sus objetivos (que son los intereses a cobrar y las amortizaciones al cien por ciento) por encima de todo, están ya causando una doble recesión, que en nada será una depresión. Conseguirán tener un país embargado pero no un país solvente.

Es así como hemos pasado del keynesianismo naíf del anterior presidente, al fundamentalismo de mercado del Gobierno actual. Un fundamentalismo que les impide imaginar que exista vida inteligente más allá de lo que Lagarde, Draghi, Monti o Junker les digan que tienen que hacer.

Con estos mimbres, los asesores del presidente lo único que parecen ambicionar es diferir y difuminar los nombres, cifras y memorandos en inglés que, inexorablemente, firmarán. Dicen que no tienen tomada ninguna decisión. Ayer la Bolsa y la prima de riesgo me parece que ya entendieron el mensaje.

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