¡Última hora! Draghi nos tiene tirria


L a solución del problema de España es, de acuerdo con las teorías del ministro García-Margallo, la cosa más sencilla del mundo. Lo único que se necesita es que Draghi empiece a comprar deuda a esgalla, hasta que la prima de riesgo baje a 130 puntos. Y así, una vez que la pasta esté en España y la basura en Fráncfort, con el euro salvado y la UE enviando serios avisos de firmeza y solvencia a los demás países, ya podemos realizar un nuevo programa de regeneración económica: hacer megalómanas estaciones de AVE en Soria y Ávila para reactivar la economía; readmitir a los pobres trabajadores expulsados de la TV valenciana para que las listas del paro no sigan creciendo; pagar las deudas de Cataluña a cambio de un pacto de legislatura que inutilice los mensajes de la oposición; consolidar becarios recién doctorados como investigadores de excelencia; recetar medicinas gratis a demanda del cliente; y acabar de cubrir con jardines y fuentes la M-30 madrileña. Todo ello después de bajar el IVA al 16 %, reponer la paga de Navidad y aprobar una reforma laboral que hiciese imposible el despido y obligase a los empresarios a subir los salarios todos los años y dos puntos por encima de la inflación.

Con solo esta medida -que el puñetero de Draghi no pone en práctica porque nos tiene tirria- España volvería a crecer (a Grecia y Portugal que les den morcilla), los manifestantes regresarían a sus hogares, las autonomías y ayuntamientos podrían atar los perros con longanizas, y los bancos podrían volver a llenar de hipotecas a todo Dios y multiplicar el dinero - «¡a ver si te enteras, Alemania!»- como Cristo multiplicó los panes y los peces. ¿El problema? Que, una vez iniciada la maniobra, el pobre Draghi ya no podría parar de comprar, y que enseguida vería su despacho lleno de ministros que, imitando a García-Margallo en perspicacia y patriotismo, pedirían la extensión del modelo a toda la UE.

Pero Draghi -¡mecachis!- no quiere. Y, a pesar de tener el cajón lleno de billetes de 500 euros, que puede fabricar libremente y con papel de estraza, se empeña en cumplir las normas fundacionales del BCE, separar los problemas de la deuda soberana de los que afectan al sistema monetario común, y decir que la salida mancomunada de la crisis solo se podrá hacer cuando los ajustes hayan avanzado y cuando la UE reforme su Tratado. ¡Un peñazo este Draghi!

Aunque peor aún es la Merkel, que, pudiendo poner al frente del BCE a un hombre tan generoso y hablador como García-Margallo, que compraría en un solo día toda la basura de Europa, se empeña en mantener allí a un economista que se lo sabe todo, siempre dice lo mismo, siempre lo dice bien y jamás le tiembla el pulso. Por eso vamos aviados. Porque lo nuestro es de locos, y solo un loco entendería la solución que, allá en el fondo, seguimos esperando.

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