Lecciones de economía de la cumbre europea


Si analizamos las conclusiones de la cumbre europea extraemos varias lecciones. En el orden político, la primera es que ha prevalecido el intergubernamentalismo frente al federalismo. Son los Estados los que deciden y apenas se traslada a otros niveles inferiores o paralelos la adopción de decisiones. La segunda es que se aprecia una importante cesión de soberanía nacional de los Estados a la Unión Europea, instancia esta última que se fortalece enormemente. La tercera lección es que es preciso llegar al borde del precipicio para que la UE avance, ya con pequeños pasos o grandes zancadas, en la resolución de sus contradicciones o de sus conflictos internos. La cuarta es que consolida, definitivamente, una Europa a distintas velocidades y con diferentes compromisos. Se constituye un nuevo núcleo que refuerza las viejas teorías del centro-periferia; pero, en esta ocasión, fueron justamente los países del sur quienes han apostado por ganar la confianza del resto de los países europeos, lo que ha constituido una sorpresa agradable. La quinta: hemos aceptado una mayor integración europea frente a los que deseaban afrontar las reformas en un país, aspecto que evita el peligro de la desintegración ó fragmentación europea.

Desde el apartado económico, también los corolarios son trascendentales. Se rompe el viejo círculo existente entre los bancos y los emisores soberanos, lo que sin duda favorecerá el funcionamiento y la financiación de la economía en el momento que se establezca un mecanismo único y efectivo de supervisión para todos los bancos de la zona euro. Ello permitirá la recapitalización directa del sector bancario español a partir del MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad). En segundo lugar, se ha decidido que el Banco Central Europeo actúe como agente del Fondo Europeo de Estabilidad y del propio MEDE para estabilizar los mercados. Es decir, amplía sus funciones; y ahora puede y debe actuar y vigilar aspectos como la prima de riesgo o los tipos de interés, amén del control de los precios. En tercer lugar, se afianza el concepto de la unión presupuestaria en donde se establecen, sin ambages, los límites de déficit y de deuda, cuyas ratios han de ser autorizadas y justificadas en común; reforzando, en consecuencia, un marco de disciplina presupuestaria y de competitividad. Además, esta unión fiscal o presupuestaria exigirá el desarrollo de un instrumento capaz de manejar las interdependencias económicas que podrían dar pie, en la zona euro, a una Oficina del Tesoro europeo.

Restan, evidentemente, algunas preocupaciones derivadas de las condicionalidades. Algunas de carácter temporal, como las sometidas a la puesta en funcionamiento del nuevo supervisor europeo, cuyo retraso dificultaría enormemente el rescate directo de los bancos actualmente nacionalizados (Bankia o Novacaixagalicia, por ejemplo). Y otras de orden macroeconómico, en la medida, apuntada por Van Rompuy, cuando dijo «nada es gratis», con lo que toda medida de apoyo debería venir acompañada con un memorándum de entendimiento, que no excluye, en ningún caso, las condiciones macroeconómicas nacionales.

En suma, los efectos de la cumbre son dos. El primero, estaba claro que se requería un cambio esencial que afectaba a cómo se gobierna la UE y como debe gobernarse en el corto plazo. Eso se resolvió, aunque se deja para mejor ocasión el cómo gobernar a medio y largo plazo, cuestión que tenía bien diseñada la Europa de Delors. Y el segundo efecto es que en términos económicos se encajó aquel silogismo inicial que relataba W. Munchau: «El Bundesbank dice que no habrá unión bancaria, hasta que no haya unión fiscal. Merkel, por su parte, dice que no habrá unión fiscal hasta que no haya unión política. Y Hollande dice que no habrá unión política hasta que no haya unión bancaria».

El final ya empezamos a escribirlo: asistimos a una unión de garantías y a una unión de ajustes. Esto es, a un apoyo temporal a los países con problemas y con unos ajustes asimétricos. Ahora nos queda combinar ambos aspectos en una unión política y económica.

Por Fernando González Laxe Catedrático de Economía, expresidente de la Xunta de Galicia

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