No me localizo. Llevo unos días fatal. Tratando de encontrar en mi fondo más hondo qué es lo que me hace mujer. Gallardón nos ha puesto a todas alerta. Según el ministro exprogre la maternidad es la esencia de la feminidad. Solo se alcanza el estatus de género por la vía de la procreación. Creo que hemos entendido mal a Gallardón. Estamos perplejas sin motivo. Tiene razón este exliberal. Todo estaría mucho mejor organizado si las cosas volvieran a ser lo que fueron. Las mujeres, a ser madres, y a confiar que el viejo paternalismo nos lo permita. Ha tenido que venir este patricio de la sociedad clásica para advertirnos de la violencia estructural que nos impide ser madres. Nada de la que establece discriminaciones salariales inexplicables; de la que permite que centenares de señoras hayan caído en el combate de la violencia machista, nada, incluso, de la violencia autoimpuesta en una brutal, inútil y triste carrera por ser estupendas en todo. La única violencia que reconoce el ministro es la que le permite justificar una nueva ley del aborto que tutela a las mujeres y convierte, como antaño, la interrupción del embarazo en un asunto de clases sociales.
Lo dicho. No me localizo. Ando buscando desde el otro día qué me hace mujer y agradezco al ministro que me hubiera dado una pista tan solemne. Quedan resueltas todas las dudas existenciales que acompañan el tortuoso devenir de una señora del siglo XXI. Lo importante es ser madres. Lo demás constituye apenas un entretenimiento o una osadía destinada a perturbar el inquebrantable orden social que determina dónde debe estar cada uno. Gracias, ministro, por volver a protegernos.