Una cita con Carlos Casares


C on Carlos Casares, menos es más. Casares fundó en La Voz un auténtico país de palabras. Primero, con su colaboración solo cultural, A ledicia de ler, y luego con la mítica Á Marxe, donde vida y cultura se daban la mano, se abrazaban. Mañana su legión de seguidores tienen una cita con Casares, otra vez, en La Voz. Pueden conseguir una selección de sus artículos. El motivo: que el viernes hace diez años que un viento herido recorrió Galicia, de punta a cabo, por la muerte de Carlos Casares. En el libro de homenaje están sus viajes, está su Xinzo amado, están sus amigos, está su gato Samuel, están sus autores favoritos, está todo el universo que Casares sabía construir tan bien de lo particular a lo general, y de lo general a lo particular. Maestro como fue de tocar la anécdota con su varita para convertirla en categoría. Y al revés, deshacer la categoría para transformarla en apenas una anécdota. La Fundación Casares mantiene el aliento a pesar de la crisis. Y en el libro de homenaje no podía faltar un texto de su viuda, Kristina Berg. Diez dibujantes ilustran los capítulos. Y Xesús Fraga y Xosé Luís Barreiro abren y cierran con dos piezas hermosas. En total, una suma de cariño, justo lo que mejor sabía hacer Carlos Casares con sus textos.

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