El exmilagro español

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

R esulta que el milagro español ha dejado de ser un milagro. Así lo subrayan con harta frecuencia los principales medios de comunicación del mundo (que son los mismos que antes nos entronizaron en sus portadas). ¡Qué poco dura la alegría en la casa del pobre! Cualquiera diría -y yo lo digo aquí- que ahora se ensañan con nosotros. Con tanto hablar de aeropuertos sin tráfico -son solo dos- y de urbanizaciones sin vecindario nos están convirtiendo en el hazmerreír del globo. Y lo peor es que no se paran ahí, porque, como consecuencia de estos malos ejemplos, nos descalifican en los indicadores de eficacia gubernamental, calidad reguladora, transparencia y corrupción y otras sutilezas de una buena gobernanza democrática.

Lo que ahora nos toca hacer es aguantar el chaparrón, esforzarnos y demostrar entereza y talento, porque ni antes éramos tan sabios y hermosos ni ahora somos tan torpes y tuercebotas. Duele observar cómo nos retiran el título de modélicos que ostentamos durante tres décadas, pero nos lo hemos ganado a pulso con nuestra ceguera y nuestra impericia, y hemos de pagar por ello. Una vez más, la riqueza ha sido el milagro evanescente que ocultaba la maltrecha realidad de un progreso frágil y mal cimentado. Nuestro verdadero progreso ya no será hijo de esa fortuna entrampada, sino fruto del resurgir en un empeño colectivo basado en el conocimiento, la voluntad y el trabajo. Nos equivocamos y lo pagamos, pero no somos el circo de payasos desnortados que ellos pintan. Es el momento de mirarnos, no en sus descripciones esperpénticas, sino en los rigurosos espejos de la realidad. Lo que ha ocurrido lo sabemos y no tiene que contárnoslo nadie. Y también sabemos que de esta se sale con sudor y con tino.

Me apena especialmente cuando los propios españoles se suman a la burla ajena sobre nuestros males, como si de ello pudiese extraerse alguna conclusión redentora. Se equivocan. No debemos ser esos tontos que se ríen de sí mismos, sino los inteligentes y audaces que aprenden pronto de sus errores y aplican su sólida formación.