El «carpaccio» y la casualidad


E l cocinero Martín Berasategui cuenta en la radio una historia deliciosa, nunca mejor dicho. Ahora que está tan de moda comer carpaccio, Berasategui explicó cómo nació el plato y el nombre. Tomen nota de dónde viene a veces el apetito. Fue en Venecia. Nada menos que en el famoso Harry?s Bar, en el que tanto bebieron Hemingway, Capote o Scott Fitzgerald. Apareció una condesa, buena clienta, y puso en un aprieto al chef, Giuseppe Cipriani. Le dijo que su médico le había prescrito carne cruda. Cipriani no se amilanó y le contestó, como buen profesional, que no había problema. Se marchó a la cocina y se le ocurrió cortar una loncha fina de buey y aderezarla con mayonesa, con un toque de mostaza y salsa perrins. La condesa cumplió su dieta y disfrutó tanto con el plato que le preguntó en seguida a Cipriani cómo se llamaba esa maravilla. Cipriani no sabía dónde meterse. Todo había sido fruto de la improvisación. Pero estuvo rápido y se acordó de que esos días había en Venecia una exposición del pintor Vittore Carpaccio, cuyas telas tienen una profusión de rojo y amarillo, y soltó que el plato se llamaba carpaccio. Y así es que ese pintor del quattrocento está hoy emplatado en todos los restaurantes que se precien.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
18 votos

El «carpaccio» y la casualidad