Triunfo de la política del «depende»


D ijo la portavoz Soraya que «aquí hay un Gobierno dispuesto a tomar decisiones» y parece verdad. El Gabinete del señor Rajoy se descolgó ayer con una primera batería de medidas de gran alcance. Si me permiten una primera interpretación urgente, definen una actitud política de las siguientes características:

Prioridad absoluta, combatir el déficit público. Al Gobierno le resulta más urgente ese objetivo que crear estímulos para despertar la economía. Por ahora y en esa línea, van ganando los mercados y sus exigencias.

Disculpa para recaudar más, la difícil situación heredada. No lo dicen con esas palabras, pero argumentan que el agujero de las cuentas públicas es del 8 %, dos puntos superior al previsto. Pregunta que suscita: si eso lo sabía Funcas y lo anunció, ¿no lo sabían antes los ministros de Economía y Hacienda y quienes les dieron la información en el traspaso de poderes?

Cuidado de la imagen, como demuestra la presentación de la congelación de sueldo de los funcionarios y la subida de las pensiones. Oyendo la voz del Gobierno, casi parecía que a los funcionarios les estaban haciendo un favor. Subir el 1 % a los pensionistas (seis euros brutos en una pensión de 600) parecía el mayor acto de justicia social jamás realizado.

Un cierto populismo, pero plausible, en escuchar las demandas de los ciudadanos para reducir las subvenciones de partidos, patronal y sindicatos y, naturalmente, suprimir el canon digital.

Un retorno a aquel «centro-izquierda» de que hablaba Miguel Ángel Rodríguez hace quince años en todo el discurso que habla de medidas justas, que grava las viviendas más caras o que le arrebata al PSOE el mensaje de no perjudicar a las clases menos favorecidas.

En resumen: por lo que podemos ver, Rajoy se dispone a gobernar de acuerdo con las exigencias de los mercados, con la obsesión de administrar bien aunque duela y procurando vender bien la mercancía para que nadie le pueda acusar de capitalista explotador. Esa es la técnica que apunta. Ayer triunfó la política del «depende», porque la subida de impuestos dependía de cómo estuvieran las cuentas, y la hemos jorobado: estaban mal. Se ha visto que las ofertas electorales nunca pueden ser hechas bajo juramento, porque a lo peor hay que subir impuestos. Quedó demostrado que ya no existen soluciones originales, porque todos, aquí, en Grecia o en Italia, acaban aumentando la presión fiscal sobre la vivienda. Me quedo con la duda de si tendré que pagar más por mi casa que la duquesa de Alba por el palacio de Dueñas, porque a lo mejor no es vivienda. Y tiene narices: los más satisfechos tienen que ser los funcionarios, a los que congelan el sueldo. A los demás seguramente nos los bajarán.

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