Viene el buen tiempo


A SANTIAGO Pemán habrá que hacerle un monumento cualquier día. El hombre (del tiempo) dirá que no, que lo único que hace es su trabajo, pero ningún discurso institucional tranquilizador, ningún análisis optimista de los expertos habrá valido tanto como el anuncio que el meteorólogo hizo el lunes: viene la lluvia.Después de este agosto infernal serán más los que cambien su concepto sobre el buen tiempo, que es un día de nubes y claros con algún chaparrón por la noche. No sé qué extraña moda beduina ha extendido la falsedad de que somos más felices cuando el sol nos cae encima a plomo. Pero esta novedad enlaza muy cómodamemente con el odio de una gran parte de la población gallega hacia lo verde. En los duros tiempos del padre Feijoo, el verde se te colaba por las rendijas de los muros, te descolocaba las tejas y te hundía aún más en la miseria. De ahí debe venir esa afición de los gallegos a hacer soleras de hormigón; se empieza por un patio y se acaba hormigonando el jardín, el campo de la feria, el atrio de la iglesia, el puerto, la playa y lo que se tercie. Hay también una resistencia a considerar en qué consiste el bien común. Particularmente, en nuestro caso, el bien común es casi todo verde, un poco sombrío y blando al pisar, no como el hormigón. Cuando lo perdamos, apenas tendremos nada que nos distinga de Túnez. Y allí todo es más barato.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos

Viene el buen tiempo