Acentos de nombres de empresas

| FRANCISCO RÍOS |

OPINIÓN

03 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

HAY una contradicción entre la grafía de algunos nombres propios -la mayoría pertenecientes a empresas y asociaciones- y la pronunciación generalizada. Unas veces el problema deriva de un logotipo, generalmente por razones que sólo su diseñador conoce, y otras, del origen de la marca, casi siempre una sigla o un acrónimo. Entre los primeros casos cabe mencionar el diario El País, que, si nos atenemos a su cabecera, leeremos como 'El Páis' (pues allí lo escribe sin tilde), y Telefónica. En el logotipo de esta empresa ha desaparecido el acento que permitía leer el nombre como esdrújulo, por lo que debería pronunciarse 'Telefoníca'. Hay quien pretende ver el rasgo perdido tras el trazo superior de la efe y hay quien cree que, en este mundo globalizado, la ocultación o supresión persigue evitar que los hablantes de idiomas sin acento gráfico agudo se compliquen la vida al leer esa palabra. El otro grupo de nombres está integrado por siglas y acrónimos. Así como las primeras no llevan tilde cuando se escriben todas sus letras con mayúscula (así, CIA, aunque se pronuncia 'CÍA'), unas y otros deben lucirla, si procede, cuando sólo la inicial es mayúscula. Y es aquí donde aparecen nombres que se escriben de una forma y por lo común se pronuncian de otra. Les pasa a dos empresas de transportes, la gallega Monbus, a la que tanta gente llama 'Monbús', y el grupo catalán Sarbus, que para sus usuarios es 'Sarbús'. Recientemente cerró una empresa ferrolana que unos días aparecía en los periódicos como Unicen y otros como Unicén. Hay un operador de telecomunicaciones que se autodenomina Auna y al que se suele llamar 'Aúna', generando un hiato donde el propietario de la marca puso un diptongo. A la desaparecida Izar, aguda, muchos la convertían en lo hablado en llana, 'Ízar'. Proceso inverso al de Unipublic, empresa organizadora de pruebas deportivas, a la que los hablantes ponen en la penúltima sílaba un acento del que la empresa prescinde. ¿Qué hacer ante casos como estos? Desde luego, tratándose de nombres propios, al escribir no se les pueden añadir unos acentos gráficos que no les ponen sus propietarios. Sin embargo, si estos quieren que la grafía concuerde con la pronunciación generalizada deberán seguir el ejemplo de Enagás, que en su día corrigió el original Enagas (aunque en el logotipo aparece enagas ), o el del Consejo de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos, que ha puesto en marcha un autobús para prevenir males dentales y al darle nombre fue más allá de formar el acrónimo uniendo sin más denti- y -bus: lo convirtió en el dentibús, con la tilde que su pronunciación espontánea exige. hablar.bien@lavoz.es