YA HABÍA entrado la noche cuando la representante del PNV dejó bien claro que la comisión que investiga los acontecimientos en torno al 11-M no es lo poco que parece ni tampoco lo mucho que no parece, sino todo lo contrario. ¿Lo contrario a qué? Para responder a este aspecto tan crucial de la cuestión habría que haber entendido lo que dijo la representante del PNV a la hora de salirse de la hipotética incumbencia de la comisión y entrar en lo concerniente a la seguridad de los presos y a las espinas de los pactos habidos, cuyo preámbulo detesta, y a los preámbulos deseados de los pactos por haber, a los que desearía acogerse. Si este retrato de la pregunta planteada por la representante del PNV no está claro para el lector, mucho menos lo estuvo para quien escuchó su intervención televisada. La representante del PNV no domina el castellano, o lo domina tan poco como el estudiante medio execrado por el informe PISA 2004. Puede que semejante carencia la enorgullezca o carezca para ella de importancia, pero el caso es que hablar el idioma de la cámara de un modo tan astillado y rústico no es lo más adecuado para lograr la comprensión deseada. Otra cosa es que lo menos deseado sea la comprensión, y esta falta de deseo en ese sentido tampoco es una novedad en un parlamento donde casi todos dominan un idioma en el que no se muestran tan capaces, sin embargo, de plantear sus críticas e ideas de manera articulada. Así que el modo de hablar de la parlamentaria peneuvista sólo debió de ser un acontecimiento pasmoso para quienes aún conserven capacidad de sorpresa ante el destrozo de la lengua en sede parlamentaria. Si las palabras viven sometidas a pulimento y gasto, las de esta dama están por estrenar en cuanto se refiere a su consumo por el entendimiento. Pero eso es la anécdota de su intervención. La categoría de lo que la parlamentaria dijo y preguntó al presidente del gobierno es que su intervención estuvo más cerca de lo que es «robar cámara» que de poner al interrogado en el brete de responder algo esclarecedor y útil. La representante del PNV hizo un encastillado de las cosas que constituyen el meollo del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo que a ella no le gustan, y con tales renuencias y reproches alicató hasta el techo un turno de pregunta tan prolongado como para resultar plúmbeo en un momento dado, y evanescente en otro. Zapatero, tan adornado de blando en su comparecencia como de duro se adornó Aznar en la suya, encontró en aquel Muro de las Lamentaciones que de manera tan ardua se le ofrecía, una oportunidad de lucir su talante en la expresión de una benévola cara de circunstancias alrededor de una respuesta acerada. Le vino a decir que el interés con el que la había escuchado no era nada comparado con el que pondría en la lectura del texto completo de su pregunta en cuanto se lo facilitaran. La parlamentaria peneuvista quedó encantada de oír lo que la decían y de entender vaya usted a saber qué cosa.