Televisión e identidad


LA SEÑORA Caffarel declara que el presentador Jordi González cobró de TVE cuatrocientos millones de las antiguas pesetas por ocho programas sin que llegaran a emitirse todos por falta de audiencia. No sería de justicia poner a este presentador en el ojo del huracán como hiciera en su tiempo míster Borrell con Lola Flores; no obstante, si la mayor responsable del ente público se ha atrevido con un nombre que ya no está en la Casa, vendría bien que hiciera lo mismo con los otros presentadores estrella, si no de la pasada legislatura sí al menos de la presente. Sabríamos, de este modo, las preferencias de los mandatarios a la hora de escogerlos y las exigencias económicas de los mismos que, caso de ser satisfechas, lo serán con dinero de todos los españoles. Pregonar exclusivamente contra la televisión basura en el país de los ciegos y tomar el compromiso de no caer en ella es pura demagogia, populismo fácil. Tampoco convence esa comunión de los santos que pretende ser la conclusión final del consejo de expertos y que, según palabras de la vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, va a conseguir que nuestra degradada TVE sea un referente para Europa entera, haciéndonos creer que desde Suecia hasta la culta Francia van a venir todos los programadores a nuestro huerto a recoger cerezas. Conviene debatir sobre el modelo televisivo público y su financiación, ciertamente. Y conviene hacerlo porque nuestro apego a cuanto pasa por allí, es ya una dependencia natural que ha puesto fin a formas de convivencia y de relación social consideradas tradicionales que, sin duda, eran decisivas en la formación cultural del individuo. Además, estamos ante una realidad, en principio imparable, como es la globalización y con ella la globalización de la televisión. Este hecho, aparentemente de poca importancia, conformará una nueva psicología al ciudadano, probablemente más frágil que la actual, una psicología a la defensiva ante un mundo convulso que le llegará con un simple mando a distancia. De ahí que la responsabilidad del Gobierno sobre la televisión pública sea ahora mucho mayor que en tiempos de Escala en Hi-F i . Ante la compleja realidad actual, la tv pública será un importante referente de identidad cultural, política y social y abiertos como debemos estar a lo extranjero, lo extraño, para corregir dogmáticos ensimismamientos, necesitamos referentes que indiquen de dónde partimos.

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