RAJOY Y ZAPATERO parecen afanarse en esta campaña por adquirir personalidad política propia, no sólo para diferenciarse del rival, sino también para encontrarse a sí mismos. Pero lo tienen o se lo han puesto difícil. Entre una nube de «advisers» y expertos en imagen que los sobrealimentan de dispares propuestas y el peso de los líderes populares y socialistas en retirada, no acaban de salir de la crisálida y tomar su forma adulta definitiva. Están entre lo que otros, Aznar y Felipe González, fueron y lo que ellos quisieran y debieran llegar a ser. O más bien no les dejan que sean. Por eso tiene uno la impresión de que en el ruedo electoral compiten en realidad otros personajes, lo que resulta «confundidor», pues ya se sabe que no se puede desenmascarar a una máscara. Así, en la campaña brillan, con luz de gas, no Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero, sino otros dos especímenes ambiguos, que bien se podrían llamar «Rajoaznar» y «Zapafelipe», o cosa parecida.