La ilusión de todos los años

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

MIENTRAS el mundo discurre por guerras, miserias y terremotos, y mientras el País Vasco y Cataluña se adentran por los caminos estériles del nacionalismo excluyente y del independentismo decimónónico, Galicia, mi tierra querida, inicia el año 2004 con una ilusión y una fuerza que quedaron bien patentes en el discurso pronunciado por Fraga el día de fin de año. Valiéndose de un formato inédito y audaz, sin imitaciones ni complejos, los realizadores institucionales de la TVG nos alegraron la noche del 31 de diciembre con un mensaje político moderno y de gran altura, cuyas ideas fuerza pueden resumirse en este milagroso Xacobeo que va a impulsar nuestro PIB por encima del de Estados Unidos, y en el que todos nuestros jóvenes van a encontrar empleo y casas baratas, mientras los mayores se disponen a disfrutar de interminables vacaciones en unas playas del Atlántico a las que sólo les falta la calefacción central. Para mí fue especialmente reveladora la voluntad nunca expresada de huir de los nacionalismos excluyentes, y esa genial concepción de una identidad gallega que resulta perfectamente compatible con nuestra condición de españoles, europeos, hispanoamericanos y planetarios. Porque ya era hora de que alguien se atreviese a decir que Galicia puede ser lo que quiera, sin poner en cuestión la indisoluble unidad de España. Pero, si el marco ideológico me pareció atractivo y novedoso, más brillante resultó, si cabe, el programa de gobierno. Porque, lejos de las ferias culturales que tanto le gustan al BNG, o del decadente matrimonio homosexual que los socialistas nos ofrecen como gancho electoral, el presidente Fraga exploró un campo inédito de promesas e intervenciones, que diferencian el universo de los futuribles gallegos de todo lo que se hace en España y el resto de Europa: autovías, trenes, teléfonos móviles, reducir las listas de espera y evitar la discriminación de género. Todo novedad. Por ser un día tan familiar, escuché el discurso presidencial rodeado de hijos y sobrinos y de sus pandillas de amigos, estudiantes unos, recién empleados otros, que me llenaron la casa de esa juventud políglota que se forma en Europa al compás de los Erasmus. Y por eso sé que el mensaje caló especialmente entre estos jóvenes que, recien llegados de Irlanda, Italia o Alemania, perciben el sutil olor a eficiencia que se desprende de un PIB que crece a golpe de incensario y con la ayuda de gente tan guay como Massive Attack y Chemical Brothers . Y es que sólo dos palabras -ilusión y juventud- condensan el discurso de San Silvestre, expresión genuina de una Galicia que sólo será posible si Fraga y el Partido Popular -Arenas dixit - nos siguen gobernando.