UN AÑO DESPUÉS, pocas impresiones iniciales sobre el viejo petrolero se mantienen en pie. Tan pocas que el amago de remake por parte de biólogos de la Universidad coruñesa se ha saldado con la retractación asustada de los jóvenes aprendices de brujo. El Prestige no es lo que era, ni ha dado los frutos esperados para quienes más lo han reflotado social y políticamente. Su fuel no se solidificó en ladrillo negro, pero las disputas por el ladrillo urbanístico en tierra hundieron a su vez el prestigio de los críticos de la frustrada operación de salvamento. La izquierda se equivocó al caer en la tentación del protagonismo mediático en la escena global. Renunciaba al patriotismo con principios, a la generosidad solidaria en el drama común. Dejó en un segundo plano a los verdaderos causantes, a los piratas del mar de allende nuestras costas, a las mafias ocultas en la maraña de las banderas de conveniencia. Hasta idealizó a sus empleados títeres. Y cargó el acento de su especializada retórica acusadora en la gente de aquí, que con mejor o peor suerte y acierto, se esforzó realmente por evitarnos la marea negra que fletaron los oligarcas ausentes. Todo por la falsa ilusión de alcanzar un poder que las urnas le habían negado. Incurrió en un catastrofismo fuera de toda evaluación racional; pero ni la economía se resintió, ni los afectados enloquecieron y tampoco se arrasó la vida marina para un cuarto de siglo. Justificó sus excesos por la demonización del adversario. El triunfo del centroderecha, dice, se debió a malas artes, ejercicio caciquil, manipulación y engaño. Desguazarlos estaba legitimado por su concepción de la historia. El fin justifica los medios. Ahora o nunca, hay que echarlos al mar, la manifestación es la partera de la historia. Nunca Máis, Non á guerra . No pensó que podían ser sus dirigentes los que podrían estar equivocados, que sus visiones de la realidad no eran las mejores, ni su gestión la más ejemplar, ni sus líderes los más capaces. Sus diagnósticos económicos no son precisamente certeros, ni su ingeniería social la más afinada. Tuvo su indudable valor en la lucha contra la dictadura y en la llegada de la democracia. Pero esos méritos no han dejado de tener reconocimiento moral, electoral y hasta económico. No se puede vivir de rentas toda la vida. Después vino la larga noche del cambio en corrupción y despilfarro. Y el pueblo procedió al recambio. Ahora hay que demostrar otros valores, otros méritos, otra calidad humana en una democracia insegura . No hay que dar por supuesto que ser de izquierdas es estar por principio en el bando de los justos. Nadie monopoliza la Historia. Después del chapapote vino el ladrillo de Madrid y la crisis urbanística de Vigo. Pero no ha pasado nada, los naufragios de la verdad están hundidos en pecios más profundos que el Prestige . Ninguna bolsa lanzadera la rescatará del olvido. El ejercicio de la memoria histórica es una facultad muy selectiva.