Fernando Savater, el gran crispador


QUERIDO FERNANDO, visto que tardaste cincuenta y cinco años y algún polvillo de eternidad en enviarme tu autobiografía - Mira por donde (Taurus)- no pretenderás que la reseñe en debida forma. Señalaré, no obstante, que en consonancia con tu nivel cultural y provocadora areola el libro debería subtitularse Confieso que he bebido (y algo más).Pero hombre, portando tanta cordura en las alforjas ¿cómo a estas alturas del terrorismo se te ocurre opinar por propia cuenta y riesgo? ¿No sabes que ese tema ya lo zanjó Mu-ssolini, maestro de articulistas, hace tres cuartos de siglo?: ¿cuántas divisiones? Armado únicamente con la muy afilada y bien torneada pluma que te regaló Agustín García Calvo nunca pasarás de chusquero de la Brunete mediática. Para opinar, en los ambientes que frecuentas, hay que ser multimillonario, tipo De la Sota, o andar en milicias de cincuenta, contar con el apoyo del rector de turno y jugar en casa. O, si prefieres, armarte de una parabellum, apoyarla en la sien del contradictor y susurrarle dulcemente en buen pedagogo que eres: «La letra con sangre entra». Y si ni con esas, entonces les cargas las mochilas con piedras, tiernas hojas de culantrillo que se empecinan en hablar español, y envías a dar un paseíllo de quince kilómetros. A ser posible, río abajo.Ahora está todo claro, en Zorroaga fuiste un candoroso ingenuo al suponer que debatir con los retoños del terrorismo transmutaría la intransigencia xenófoba en consciente complejidad de la vida moderna en sociedad. Salvo raras excepciones, suscitadas más por una provechosa experiencia que por la lectura o la discusión, el barniz cultural justifica intelectualmente, y por tanto refuerza, la voluntad de conflicto al suministrar a la ancestral pulsión agresiva coartadas culteranas. Razonar en buena ley contra la ininteligibilidad oscurantista, desequilibrar las equidistancias con el peso de la inteligencia, exponiendo en el ágora las acobardadas incongruencias de los que retóricamente se autoproclaman dialogantes mientras miran para otro lado, asentar una fundamentación ética de la normativa moral, una discontinuidad estética separadora de lo bello y lo bajuno, una jerarquía que dicotomiza la alegría de la luz del caos de la memez, todo ello, en términos de concordia, no sirve absolutamente para nada frente al ensimismamiento nacionalitarista . Incluso es contraproducente, pues al poner la razón al descubierto los estigmas de la poquedad intelectual, macerados desde la infancia en el venenoso poso de la educación cerril, en lugar del agradecimiento debido que cabría esperar de una reflexión salutífera lo que se cosecha es un mayor flujo de odio. Ya que de todos es sabido que los espíritus mediocres y moralmente degenerados por el rencor guerracivilista, o por lo que sea, no soportan tomar conciencia de su malograda hombría de bien y menguada valía. Lo dice la Biblia, al vengativo orgullo -y, en mayor o menor medida, todos los humanos padecemos esta insuperable tara- se le reconoce porque no admira sino sufre ante el esplendor de la noble dignidad. Así, sacar a alguien del error no garantiza el reconocimiento, al revés, si no se acompaña de ventaja práctica que compense la dificultad de adaptarse al cambio de mentalidad y forma de vivir.Por otra parte, no cabe hacerse ilusión alguna respecto al nacionalismo democrático, que dicen, porque las vilezas propaladas conscientemente acaban creyéndose sinceramente. Empezaron acusándote de fascista a ver si colaba, y coló: te lo llaman hasta los estudiantes de Barcelona y Mallorca. Modelos de concordia lingüística e ideológica que ese mismo nacionalismo democrático quiere implantar en Galicia.Hay que consensuar, chico, dialogar , besarle el trasero al diablo, muy necesitado de ternura el pobre. Sólo a ti se te ocurre crispar a la gente razonando a fondo... perdido. Entérate, eres un marginal de otra época, un espíritu aristocrático como los espadachines que tanto admiras, sólido pero anacrónicamente elitista como un R&R. Ahora bien, lo confieso (lo de beber, y algo más, es otro cantar), no toda la culpa es tuya pues, para tu desgracia, unos cuantos jocosos gamberros españolistas seguimos jaleándote desde el patio de butacas con el alma en vilo, y un delicioso cosquilleo de sadismo, por mor de comprobar si fueras capaz -¡oh! Pimpinela Escarlata- de salir del berenjenal en el que te has metido, mira por donde, sin que nadie ni nada te empujara, exceptuando, quedó dicho, la hombría de bien y el placer de batirse, proclamaba el gran matemático Dieudonné, «pour l'honneur de l'esprit humain». ¿Crees en las brujas? Yo tampoco pero h.h. Recibí, el mismo día que la autobiografía, una postal que me enviaba, desde Nueva York, Diaffara. Haz memoria, aquel anarquista senegalés cojo y borrachón, que aprendió gallego con un diccionario como Borges el alemán, y que me acompañaba en París a las asambleas maoístas con ánimo de culturizarlos (creo que César Alonso de los Ríos y tú habéis dado de lleno en el clavo al insistir en que, actualmente, el nacionalismo es la enfermedad senil del progresismo), espetándoles con deleitoso regodeo en plena misa negra: «¿Habéis leído el último libro de Mao?, Los juguitos de la vida ». En la postal hay buenas noticias; una, por primera vez en treinta años Diaff no me pide dinero; dos, el muy ingrato en lugar de jurar cuanto me echa de menos me informa de que está leyendo tu libro. Toma nota, no todo está perdido.Como bien es sabido, la Xunta anunció el derecho a sufrir lo menos posible los dolores propios del parto y realizó una serie de afirmaciones que nada tienen que ver con la realidad. Ofrecía la anestesia epidural a toda parturienta que la solicitara. Estas afirmaciones fueron exaltadas por los medios de comunicación, que lo anunciaban como un gran triunfo del PP y como un avance para la sanidad gallega. Pero la realidad difiere mucho. Me encuentro en el sexto mes de gestación y desde el primer día llevo llamando a todas las puertas que están a mi alcance para solicitarla. Atención al paciente, Sergas, Consellería de Sanidade. Y en ningún lado me dieron una contestación; es más, en todos los sitios dijeron lo mismo: «Va a ser imposible». A excepción de dos, una del Hospital Arquitecto Marcide que afirmó, en una de las cientos de llamadas hechas, que no sabían nada y que adjuntarían mi petición al expediente, y la otra del Sergas de A Coruña, en la cual, dijeron que si daba a luz en A Coruña y de lunes a viernes antes de las 15:00 horas, podía haber posibilidades, como si fuera posible de forma natural programar el parto en fecha, hora y con sesenta kilómetros de distancia. ¿Seremos punteros en sanidad? Yo creo que no, que lo que somos es puñeteros en seriedad. Mª Gloria Fernández Lorenzo. Narón.Asistín a un casamento na igrexa da Escravitude, unha fermosa cerimonia oficiada por un sacerdote de fóra, amigo da familia; os invitados participaron nas lecturas, ofrendas e peticións, e a música dun coro fantástico fixo que todo fose máis emotivo. A mágoa foi a actitude do párroco de turno, que nin sequera deixou mover un banco para que o coro tivese sitio diante. «Os bancos non se tocan», foron as súas contundentes palabras, como se os bancos fosen del, case como se nos fixera un favor ó deixarnos sentar neles. Ata tomou parte na decoración floral. Din que a igrexa pertence á comunidade cristiá, pero hai casos nos que algúns párrocos impiden que isto se cumpra. A expresión que utiliza tanto nas súas homilías (amadísimos hermanos) non lle pega nada, porque para el, por enriba, amadísimos son só aqueles que lle fan a pelota. J.M.L.C. Santiago.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos

Fernando Savater, el gran crispador