GEOPOLÍTICA DEL HAMBRE


Con este título, el médico brasileño Josué de Castro publicó un libro sobre el hambre en el mundo. De acuerdo con sus investigaciones cabría establecer con carácter general una relación entre los ciclos hormonales femeninos, la tasa de fertilidad y el nivel de ingesta de proteína en la dieta alimentaria. Es decir, el hambre llama a más población y a más hambre. La mejora de la alimentación disminuye la tasa de fertilidad por razones bioquímicas más allá de los aspectos culturales que influyen decisivamente en la vida humana.El asunto es importante porque mientras no disminuya la población mundial no parece que exista posibilidad de erradicar el hambre, y mientras no mejore la dieta habrá más dificultades para frenar la población condenada a una pronta muerte.Es un hecho conocido que los sistemas agroalimentarios de los países industrializados se basan en el consumo intensivo de energía fósil. A diferencia de las antiguas civilizaciones agrarias, los logros productivos de los modernos sistemas descansan en la introducción de cantidades ingentes de energía no renovable en forma de capital, maquinaria, combustibles, fertilizantes y criaturas especializadas en la conversión energética, pero menos rústicas y adaptadas al medio que necesitan por tanto mayores flujos energéticos de apoyo para sobrevivir. En el momento presente el sistema agroalimentario occidental se ha convertido en un proceso industrial más, que demanda más energía que la que devuelve al sistema en forma de alimentos. Las estimaciones de Pimentel en Energy, food and society indicaban que si se dedicara todas las reservas conocidas de petróleo exclusivamente a alimentar a la población mundial con los sistemas de producción, distribución de alimentos y dieta americanos, sólo habría petróleo para unos 11 años. Es importante la composición de la dieta, (se usan cada vez menos leguminosas). De acuerdo con las investigaciones de Slesser, el paso de una dieta constituida por 30 kg al año de proteína vegetal a otra en que 20 es de proteína animal y los otros 10 siguen siendo vegetal, multiplica por varias veces, en función de la densidad de población, las necesidades energéticas del sistema a igualdad de otras circunstancias. La cuestión es grave y cuanto más se deriven cereales que pudieran utilizarse en la alimentación humana a la de semovientes más se agravará. Esta, entre otras, avalarían el interés de recuperar parte de la ganadería extensiva, cuya alimentación se basa principalmente en recursos pascícolas, ricos en celulosa que no hacen la competencia a la alimentación humana y permiten explotar mejor el sistema digestivo de los rumiantes.Los ciudadanos y los profesionales preocupados por el porvenir de la Humanidad, deberían tratar de distinguir entre los aspectos limitantes de la naturaleza, que pacientemente hay que obedecer , como diría Bacon, y los culturales, que pueden ser cambiados. El estudio de los sistemas agrarios desde el punto de vista (por cierto lamentablemente raro en las escuelas de Ingenieros Agrónomos), de los recursos naturales y la energía puede ilustrar el funcionamiento del sistema. Nadie parece estudiar el balance energético de la agricultura gallega, por ejemplo, ni las consecuencias del abandono del suelo fértil y la ganadería extensiva. Pero falta decisión para cambiar lo que pueda ser cambiado, pues choca con importantes intereses creados empezando por la propia PAC. En todo caso, en la Naturaleza no se dan crecimientos exponenciales permanentes de población, pues bien aparecen limitaciones en la alimentación, o depredadores y calamidades que las frenan. Es decir, la evolución de la población se representa por curvas en forma de Z, llamadas sigmoides.

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