GOBERNAR POR LA ESPALDA

OPINIÓN

¿Qué es un Decreto-Ley? Verán que fácil: una ley que adopta el Gobierno en lugar de las Cortes Generales. Es decir, una excepción a un principio básico en todo Estado democrático: el de que la aprobación de las normas que tienen la fuerza obligatoria de las leyes ha de corresponder exclusivamente al Parlamento. No es ése un principio caprichoso. Sólo el Parlamento debe estar facultado para el ejercicio de la función legislativa porque sólo él ha sido elegido directamente por el pueblo y sólo él forma su voluntad de un modo democrático: en el procedimiento legislativo participan todos los partidos que, tras debatir públicamente, deciden con arreglo al sistema de mayorías fijado en elecciones. Tan importante es para la democracia el principio del monopolio legislativo de las Cortes que nuestra Constitución ha establecido al mismo una única excepción: la de que el Gobierno sólo podrá adoptar normas con fuerza de ley (Decretos-Leyes) en casos de extraordinaria y urgente necesidad. Pues bien: ¿qué les parece que ha dicho el ministro de Trabajo para justificar la aprobación del Decreto-Ley que reforma el régimen legal del desempleo, y para zafarse así de responsabilidad ante quienes le acusan de haber apuñalado (políticamente) por la espalda un proceso de debate que no había hecho más que comenzar? Ha dicho exactamente lo siguiente. «Yo llevo más de un mes hablando de este tema». Así, es... pero si es así, ¿dónde está la extraordinaria y urgente necesidad que exige la Constitución para aprobar Decretos-Leyes? En ningún sitio: el Gobierno opta nuevamente por abusar de la errática doctrina del Tribunal Constitucional sobre lo que debe entenderse por necesidad urgente y extraordinaria, doctrina que ha acabado por permitir a los gobiernos utilizar el Decreto-Ley cuando les peta. El de Aznar echa ahora mano de ese instrumento no porque haya ninguna razón objetiva que lo justifique, sino sólo por ahorrarse una conflictiva tramitación parlamentaria en la que, claro, ¡tendría que escuchar a los que no están de acuerdo con todas o algunas de las medidas que ahora se aprueban por Decreto! Pero la democracia también consiste en eso: en debatir con quién discrepa aunque se tenga mayoría suficiente, como la tiene ahora el Partido Popular, para imponer la propia posición. Es justamente en esos casos cuando cada cual demuestra la profundidad de sus convicciones democráticas. Debatir con la oposición cuando ello es necesario para conformar una mayoría inexistente antes del debate carece de cualquier mérito especial: expresa, simplemente, habilidad. Debatir incluso si uno tiene el debate ganado de antemano es, por el contrario, síntoma de respeto a una de esas reglas no escritas sin las que la democracia pierde inevitablemente densidad. Pues no es lo mismo gobernar, que hacerlo por sorpresa. Como no es igual atacar, que hacerlo por la espalda.