ESPAÑA LIMITA AL NORTE

LÍNEA ABIERTA / Ventura Pérez Mariño


En política, como en casi todos los quehaceres de la vida, la derrota suele venir acompañada de reproches, pases de factura y descubrimientos; desde el «ya lo decía yo», hasta el «es que no puede ser»; siempre a toro pasado. Esta ocasión no es ajena a las críticas. Ahora resulta que Mayor Oreja y Redondo fueron malos candidatos, y que su unidad constitucionalista no era conveniente, o que a Arzalluz hubiera habido que premiarle. O que los movimientos sociales como Basta Ya, Foro de Ermua, Gesto por la Paz, no fueron adecuados. ¡Y no nos habíamos enterado!No es posible echar la culpa a los políticos. Esta vez, y quizás por primera vez de forma ostensible, han seguido las directrices de los movimientos sociales, las que se les fue señalando desde las organizaciones cívicas. Desde la sociedad estuvimos juntos en la desesperación de Miguel Ángel Blanco, en la manifestación del Basta Ya en San Sebastián, en las espontáneas de Sevilla, en el Kursal y recibimos premios con Fernando Savater. La culpa, de haberla, sería de todos nosotros.En mi opinión el juzgar las cosas así es injusto. Otra cosa es que, en contra de lo esperado, la realidad sociológica del País Vasco sea mayoritariamente soberanista, con tendencia a la búsqueda de la independencia. Y esa es la realidad incontestable. Pensaban los políticos constitucionalistas que si la participación era cercana al 75% se podía alcanzar la victoria, y sin embargo votó el 80% y resulta que el 53% de los votantes son soberanistas, que antes o después caminarán hacia la independencia.Estamos hablando del País Vasco, de un territorio que ha alcanzado un enorme estado de bienestar, que es insolidario económicamente con el resto de España gracias a la vigencia del concierto económico, que no quiso energía nuclear en su territorio y no la tuvo, sin perjuicio de usarla; hablamos de un territorio privilegiado, en definitiva, que de forma mayoritaria ha dicho en las urnas: acepto las ventajas de pertenecer a España, pero ninguno de sus inconvenientes.La situación ahora resulta especialmente compleja: la mayoría soberanista a la búsqueda, gota a gota, de la independencia: un ejército termítico. De ellos, 100.000 personas (EH) dispuestas a todo por conseguirlo. Y en el medio, cientos de miles de alemanes en Mallorca que verán día a día como la vida se les va haciendo un poco más difícil, convertidos en extranjeros en su tierra. Hemos perdido todos, que nadie lo ponga en duda, y hemos perdido haciendo las cosas bien. Con la bandera de la vida y la libertad; con la bandera de la razón pero, como en tantas cosas en la vida, muchas veces aquéllas no llegan.

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