Pep Caballé, de marcarle al Barcelona a bregar con el Cedeira en O Beco

Elba de la Barrera Agulló
Elba de la Barrera FERROL / LA VOZ

OPA RACING

Pep Caballé defendió el escudo del Cedeira en Primeira Futgal.
Pep Caballé defendió el escudo del Cedeira en Primeira Futgal. CEDEIRA SD

El menorquín, con experiencia en campos como el Bernabéu y uno de los héroes del ascenso del Racing Club Ferrol, cerró el círculo este curso en Primeira Futgal

11 jul 2026 . Actualizado a las 12:35 h.

Pep Caballé (Mahón, 1990), como Serrat, nació en el Mediterráneo. Pero la vida y el fútbol, que en su caso son vasos comunicantes, le trajeron hasta Ferrol. Aquí celebró un histórico ascenso a Segunda con el Racing Club Ferrol, se enamoró, echó raíces y, ya plenamente empapado del alma atlántica, se puso al servicio del Cedeira SD para su noble causa de esquivar la bala del descenso en Primeira Futgal. A petición del técnico Jandro Paadín, que tomó las riendas del equipo en febrero, el menorquín compaginó su trabajo en la Autoridad Portuaria con este último baile de seis partidos: pleno de titularidades y tres dianas. Con pasado en equipos como el Cornellà, el Ibiza, el Racing, el Compos o el Somozas, Caballé explica cómo se gestó su primera aventura en el fútbol aficionado. «Me liaron, me liaron [ríe]. El míster, que estuvo en la cantera del Racing, me convenció. Ellos estaban en una situación bastante jodida y tanto insistió que les dije: 'Bueno, vale. Venga, voy para esos partidos'», relata el extremo.

«Nunca había jugado por debajo de Tercera División», admite el futbolista que, fruto de brindarse a arrimar el hombro con el Cedeira, pudo experimentar esa otra dimensión más lúdica del deporte rey. Pero, ¿cómo fue bregar en O Beco? El extremo confiesa que notó el cambio con respecto a jugar con los veteranos del Racing: «Yo jugaba de domingo en domingo y no es lo mismo. Pero aún me da, el nivel me da [ríe]», reflexiona el jugador, que no esquiva abordar la cara menos amable de su profesión.

«Desde que acabó la temporada en el Somozas tenía claro que quería colgar las botas porque se me apagó la llama. Esa que tienes de pequeño. Esa ilusión y esas ganas. No me veía igual físicamente e iba a entrenar sin ganas. Algo que nunca jamás en la vida me había pasado», admite.

«La mayoría de chavales sueñan con vivir del fútbol, con jugar partidos importantes en equipos importantes. Yo, hasta la temporada pasada, siempre pensé en vivir toda la vida de futbolista, que es lo que me gusta y lo que me hace feliz. Pero pasan las temporadas, tienes lesiones y el fútbol —hay una cosa que la gente no ve— es muy sacrificado. La gente te ve el domingo en el campo y piensa: '¡Qué guay, futbolista!'. Hay un trabajo detrás… y llega un momento en el que no apetece tanto. Y ese momento te llega», ahonda.

Con las brasas del churrasco

En este sentido, Caballé volvió a encontrar esa chispa en O Beco, lejos de los focos de la industria y peleando con el Cedeira para evitar un descenso: «Ganamos un partido y la directiva estaba preparando una churrascada y unas cervezas. Eso en la vida lo había vivido y me dije: '¡Qué bonito es!'. La familiaridad que hay. En otras categorías ganas un partido y te vas a casa ya pensando en el siguiente entrenamiento; este es un fútbol que me gusta. Es una sensación bonita que nunca había experimentado».

«Es un fútbol mucho más liviano y lo disfruté mucho», aprecia un Pep Caballé muy honesto consigo mismo y que descarta que le quedase la espina de defender la camiseta del Racing en el fútbol profesional tras el ascenso del 2023. «Hay que ser realistas. En la temporada del ascenso jugué muy poquito. Creo que para Segunda hubiese tenido el nivel unos años más atrás, estando mejor físicamente y con más rodaje. Si me hubiese pillado más joven… igual sí habría tenido esa oportunidad. El fútbol y la vida son así», reflexiona.

En su hemeroteca particular de goles, el menorquín se queda con el tanto que le marcó con el Racing al Deportivo en A Malata, con una diana con el Cornellà frente al Atlético Saguntino que valió un playoff de ascenso a Segunda, y otra que le marcó al Mallorca. Además, según rememora el propio jugador sobre la marcha, está ese gol a medias al Barcelona en la Copa del Rey.

«Me tocó y rebotó. En el acta está mi nombre y que me lo apunte es muy feo, pero a ver... legalmente lo metí. Era el primer partido de Setién, justo antes de venirme yo al Racing. El tiro es de Javi Pérez, me toca y cambia la trayectoria. Ese partido lo ganábamos en el minuto 70; luego entró Griezmann, nos metió dos goles y nos eliminaron», relata un Caballé que no duda en sacar pecho con la compra de Leo Messi del Cornellà. «Siempre ha sido un club con mucho glamur», aprecia entre risas.

Defendiendo ese mismo escudo en un campo imponente como el Bernabéu frente al Real Madrid en 2014, Caballé escribió otra anécdota en su hoja de servicio por un encontronazo con Álvaro Arbeloa. «Era un poco más joven y más descerebrado… Hubo un lance del juego, una entrada que le hice bastante dura y tuvimos ese cruce de palabras que ahora no me habría pasado», admite el jugador, que evita pensar si la brega de O Beco será la definitiva. «Soy un tío que toma las decisiones según le van viniendo y que todo fluya», zanja.

El cordón umbilical con A Malata

Pep, a la izquierda, con Joselu y Fornos en un entrenamiento.
Pep, a la izquierda, con Joselu y Fornos en un entrenamiento. KIKO DELGADO

Además, Caballé mantiene un fuerte vínculo con el cuadro naval. Además de su participación con el equipo de veteranos del Racing, el menorquín ejerce como delegado del Cadete B, una labor que confiesa muy gratificante: «Estoy metido en líos, pero merece la pena. Estar en el Racing, con la cantera y los chavales… Estoy a todo lo que puedo abarcar».

Como un abonado más del club, Pep Caballé confía en que el proyecto verde remontará el vuelo para «volver a la categoría en la que debemos estar».