Manolo Barreiro, compromiso social y dignidad

OBITUARIOS

Manuel García Barreiro
Manuel García Barreiro

Fue, con la complicidad del párroco Francisco Justo Carou, impulsor de la Semana Santa en Boiro con la fundación de la Irmandade do Cristo da Misericordia

10 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Manuel García Barreiro, Manolo Barreiro, falleció tan discretamente como ejerció su activismo social desde que hace unos cincuenta años llegó a la villa para trabajar en Jealfer. Fue un fichaje del «jefe», como se refería él mismo en tono cariñoso a Jesús Alonso Fernández, dueño de la empresa de confección germen de la conservera Jealsa.

Hacía unos meses que se le había diagnosticado una enfermedad irreversible, y cuando fue consciente de que aquel hiperactivo Barreiro ya no era él, se retiró de la vida pública y se refugió en la familia.

Buscando una foto suya en la hemeroteca, uno se dio cuenta de que entre las centenares de imágenes de la Semana Santa de Boiro, Barreiro no aparecía en casi ninguna, o lo hacía en un segundo término, de ahí la discreción a la que se alude, pero también a las muchas conversaciones en las que siempre apostaba por dar a conocer a quienes se involucraban en las actividades de las que formaba parte, o a las actividades en sí, y cuando se le sugería salir a él, daba largas.

Fue Jesús Alonso, siendo alcalde de Boiro, quien le pidió, en 1998, que se pusiera al frente de la comisión de las fiestas de verano y fiel a su lealtad y compromiso, así lo hizo, pero lanzando una llamada a otros colectivos para que tanta responsabilidad no recayera solo en un grupo de voluntarios que dedicaban su tiempo libre y el de sus familias a trabajar para el pueblo y en unas celebraciones que siempre generan opiniones enfrentadas. Estuvo tres años.

Pero la principal gesta de Barreiro, en el aspecto social, fue el impulso a la Semana Santa de Boiro, con la complicidad del párroco Francisco Justo Carou, fundando la Irmandade do Cristo da Misericordia, que llegó a situar los actos propios de la Pascua entre los más relevantes de Galicia y sirvió de ejemplo a otras poblaciones, ya que las discretas procesiones anteriores a la fundación de la cofradía dieron paso a otras con pasos, figuras, atuendos… que se iban superando cada año.

Manolo Barreiro era metódico y ordenado, y las personas con ese carácter despiertan adhesiones inquebrantables, pero también rechazos, la mayoría injustificados pues proceden de quienes no entienden que todo tiene que estar perfectamente organizado para que salga bien.

No era de Boiro, pero se involucró con Boiro incluso mucho más que infinidad de boirenses, y quería a Boiro, si no fuese así, no hubiese cogido el sambenito de las fiestas ni echar una mano en la parroquia en un momento difícil para llevarla a lo más alto, no solo con la Semana Santa sino también ayudando al cura, a la recuperación del patrimonio eclesial e incluso a las personas necesitadas, a través de la recogida de donativos en Navidades.

Manolo Barreiro se fue con dignidad, con la misma dignidad que guio toda su vida, y dejó un legado que no puede ni debe quedar huérfano, porque en los últimos meses, consciente de su dolencia, ya trató de fomentar la búsqueda de un relevo que aún no emergió porque su labor era gratificante para él mismo y para los boirenses cuando lucía la Semana Santa en todo su esplendor, pero también ingrata porque el compromiso público siempre encuentra detractores, especialmente entre los que no mueven un dedo.

Ahí queda el reto de coger el testigo de un boirense adoptivo inolvidable, porque Manolo Barreiro ya descansa en paz junto a don Francisco, Suso JB, Amador, Monchito... otros artífices de la Semana Santa de Boiro.