Muere David Warner, el que pudo haber sido más

OBITUARIOS

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El actor ha fallecido a los 80 años, dejando atrás memorables papeles en cine y televisión

25 jul 2022 . Actualizado a las 18:47 h.

Uno de nariz generosa. Que, por talento, pudo haber sido más. Y eso que no fue poco. David Warner fue un rostro que estuvo en muchos sitios, con su sonrisa de medio lado y su pelo engominado para atrás. No fue superestrella porque el cine es caprichoso, y algunos reciben menos de lo que merecen. Un secundario de esos que, hasta cuando estaba calladito en una esquina, se comía secretamente la pantalla.

Había que caer para ponerle cara a su nombre, pero una vez lo veías desfilar frente a la cámara era imposible mirar para otro lado. Pudiera parecer que la falta de reconocimiento se debió a que «nunca le llegó su gran papel», eso que se dice de tantos y tantos actores secundarios cuando se mueren. Pero en este caso sería mentira. Sí tuvo uno de esos. Uno que pasó injustamente desapercibido teniendo en cuenta su grandilocuencia genial y absoluta.

En 1970, de la mano de todo un Sam Peckinpah (con él también hizo Perros de paja), le dio las réplicas al no menos genialísimo Jason Robards de La balada de Cable Hogue. Título de culto sobre zalameros, truhanes y zalameros truhanes. Es del oeste, pero eso es lo de menos. Porque es una historia universal sobre los que hacen de sacarse las castañas del fuego un arte exquisito. Un sálvese quien pueda que es, a la vez, triste e hilarante. Y David Warner estuvo en eso. Siendo eso una de las mejores películas de la historia (de las 300 mejores, al menos).

Su Reverendo Joshua Douglas Sloan es el epítome de la picaresca clerical poslazarilla. La vieja historia picante del cura verde que, a pesar de su alzacuellos, da brincos por el mundo en busca de faldas bajo las que meterse. Lo justificaba todo con las escrituras, el muy pájaro. «Desnudos venimos a esta tierra», decía con su cara más pía y solemne para defender sus giras lujuriosas.

Su porte lánguido, todo de negro y con un bombín raído, habría sido merecedor de Oscar en un mundo más justo. Pero desnudo se fue de esta tierra. Aunque no del todo, pues en 1981 ganó un Emmy por su papel del senador Pomponius Falco en Masada, donde se codeó con Peter O'Toole, otro de los más grandes.

Su Bafta se quedó en un casi con la nominación que recibió en 1966 por Morgan: un caso clínico. Porque la carrera de David Warner es la de un talento enorme perseguido por muchos injustos casi. Tenía tablas para más. Y eso que fue mucho. Todo un británico este Warner.