El adiós a una mujer luchadora y «que siempre fue fuerte»

La hija de Benita Cid lamenta que su madre tuviese que morir sola


ourense / la voz

«Nadie se merece acabar su vida solo, siempre se necesita a alguien», reflexiona Felisa Santos, de 60 años. Nació en Ourense y vive en Madrid desde que cumplió los 26. Y su madre, Benita, era usuaria de la residencia Val de Monterrei, donde el covid-19 se adueñó de ella. «Antes de que ingresase en el hospital de Verín ya estaba mal por la enfermedad», cuenta su hija. Dos días antes de que ocurriese, Felisa realizó una videollamada con ella, en la que estaban sus hijos y nietos. Ella dice que, en aquel momento, sintió casi una premonición de que aquello era un último adiós, «pero hasta el último momento tuve la esperanza de que saliese, porque era una mujer luchadora y que siempre fue muy fuerte».

Felisa estuvo en contacto permanente con el médico que atendía a su madre, «y el día anterior a que ella falleciese me dijo la realidad, que era complicado». Por la noche, llegó a pensar en llamar para ponerla al oído y que ese fuese su último recuerdo. No quería, en ningún caso, que Benita, a la que todos llamaban «Tita», se sintiese sola cuando se apagase su vida. «Después de la primera ola la había visto, en Verín, donde había estado ingresada antes de volver a la residencia. Estaba bien, aunque no quería comer», dice su hija, que antes de terminar quiso dejar un consejo aplicable a todos: «A la gente que quieras, demuéstraselo siempre. Llega el momento en el que se van y nunca se lo has dicho todas las veces que querrías. Es muy importante hacerlo».

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