Adiós a Sor Milagros

La comunidad H.C. comedor de la esperanza se despide de quien fuera su directora


Sor Milagros de la Fuente Tascón, nació en Zamora en el año 1932. Desde sus inicios como Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl, su vida estuvo muy vinculada a la rama sanitaria. Su segunda patria, Galicia, vio cómo iba creciendo en edad y como servidora de los más pobres. Hospitales Militares (Marín, Coruña, Ferrol), Hospital Municipal y Comedor de la Esperanza de Vigo, fueron forjando esa personalidad recia ante las dificultades que no consentía le apartasen de su objetivo. 

Como buena colaboradora de Jesucristo pasó por este mundo cuidando la salud del cuerpo y del alma. Dando de comer y ayudando a que no solo se diese un plato de comida sino que la atención fuera integral (ropero, duchas) para todos aquellos más empobrecidos de la ciudad. Excursiones con las personas que acudían al comedor, comidas en restaurantes… y siempre acompañada de voluntarios a los que sabía mostrarles el buen arte de servir y dedicar tiempo a conocer a cada persona por su nombre. 

No escaparon a sus peticiones los responsables municipales. Como San Vicente de Paúl, el Fundador de la Congregación a la que pertenecía, sabía moverse entre las autoridades para que se responsabilizasen del cuidado de todos los ciudadanos, especialmente los más empobrecidos. Su lema de vida “ser voz de los sin voz” dio fuerza a todas sus actuaciones. Cuando ya la enfermedad se hizo dueña de su cabeza sus fuerzas fueron disminuyendo, pero su interés por todo lo que sucedía en la ciudad seguía vivo. Leía y releía el periódico que cada día llega a nuestra casa. Comentaba en alto noticias, especialmente aquellas que se referían a personas que podían estar relacionadas con el comedor o lugares en que ella había estado. Siempre dispuesta a ayudar en lo que fuera, quería estar al tanto de la actualidad aunque al segundo siguiente ya no recordase nada.

En el año 2017 fue trasladada a la Casa Provincial de León, donde estaría mejor atendida en su enfermedad y más cerca de su familia que la adoraba. Su cara se iluminaba cuando alguna de las hermanas con las que había vivido aquí pasábamos a visitarla. La palabra ¡VIGO! salía de su boca con perfecta audición. No sabía nuestro nombre, pero sí sabía dónde habíamos estado juntas. Su vida se fue apagando lentamente como una vela que ilumina hasta el final. Desde el mismo momento en que su noticia fue conocida, esta Comunidad de Hijas de la Caridad, no deja de recibir muestras de cariño y recuerdos emocionados de tantas personas que habían tenido contacto con ella. Lo mejor es que son ricos y pobres; hombres y mujeres; adultos y jóvenes… SOR MILAGROS ¡GRACIAS!, nos has dejado el listón muy alto para las que venimos detrás. Estamos seguras, que junto con los pobres y enfermos que te habrán salido a recibir, ya estarás pidiendo para que sepamos dar la respuesta necesaria a esta situación tan especial que vivimos y de la que solo saldremos si nos unimos y colaboramos todos. 

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