«Solo quiero morirme para estar con Paco»

La vida de Asunción Balaguer fue una historia de renuncias y de pasión por su familia y su trabajo, al que regresó después de cumplir los 75. Las infidelidades de su marido las aceptó sin drama: «Creo que se enamoró alguna vez, estoy segura»


«Solo quiero morirme para estar con Paco», confesaba hace poco tiempo en una entrevista Asunción Balaguer, que falleció ayer en Alpedrete (Madrid) a los 94 años tras sufrir un ictus hace una semana. Unas declaraciones en las que la viuda de Francisco Rabal no dudaba en manifestar su ferviente amor al compañero de su vida, por quien dejó la interpretación cuando decidieron formar una familia juntos y centrarse en el cuidado absoluto de sus hijos, Benito y Teresa.

Pero Asunción Balaguer fue mucho más que la esposa abnegada de Paco Rabal, aunque tuviese que cumplir los 75 años para recuperar plenamente su vida artística y completar así una pasión que prendió en ella cuando era tan solo una niña. Nacida el 8 de noviembre de 1925 en Manresa (Barcelona), en el seno de una familia burguesa, la actriz se subió por primera vez a un escenario con 13 años, en plena Guerra Civil, en una función de Santa Teresa de Jesús a cargo del Institut del Teatre. Era la única de su familia interesada por la actuación, y fue su madre quien decidió apoyarla desde que mostró dotes para el escenario. «Mis padres se casaron por conveniencia, no se querían, mi padre era médico y estaba todo el día en la consulta -expresó la actriz en alguna ocasión-, y mi madre era pura entrega a sus seis hijos, pero tampoco lo amaba». En Barcelona estudió «la Balaguer», como fue reconocida después, teatro, música y canto, y enseguida destacó hasta que la compañía de José Tamayo la descubrió y triunfó de su mano.

En Madrid conoció a un jovencísimo Paco Rabal cuando este se incorporó a la compañía de Lope de Vega, y ya no se separaron hasta la muerte del actor, el 29 de agosto del 2001. «Paco murió en mi hombro, veníamos de Canadá en un avión con destino a París y volando se fue, apoyó su cabeza en mí y ya», contaba la actriz, que, con esa dulzura que la caracterizaba, encajó las infidelidades de su marido sin ningún drama: «Yo a Paco no le he fallado jamás. Él siempre me decía: “Yo salto el fuego, pero no me quemo”. Creo que se enamoró alguna vez, estoy segura, pero él expresaba que yo estaba en su corazón, éramos buenos amigos, y sí, fui su madre, su hermana, su mujer; yo quería ser todo».

A mediados de la década de 1980 fue cuando regresó a los escenarios y a la televisión, aunque su filmografía no es breve precisamente: La hora bruja (Jaime de Armiñán), Lulú de noche (Emilio Martínez-Lázaro) o El sueño del mono loco (Fernando Trueba, 1989) fueron algunas de sus películas de entonces.

Después de fallecer su marido, Asunción Balaguer recuperó, a los 75 años, su faceta como actriz con la misma entrega con la que se había iniciado. Y su excelso gusto, su exquisita generosidad, su dulzura y su júbilo volvieron a proyectarla como la gran dama llena de luz que fue en su vida profesional. Entre el 2010 y el 2013 obtuvo cuatro premios consecutivos de la Unión de Actores, y en el 2013 recibió el premio Max por el musical Follies, de Mario Gas, donde cantaba y bailaba claqué.

De la obra «El Pisito» a «Merlí»

Cuando en el 2010 salió a recoger el premio Actúa la intérprete aseguró que su profesión era lo que más amaba en el mundo. «Me aburría mi vida, no me gustaba siendo yo misma y deseaba hacer de otras personas. Este es el trabajo más hermoso. Si volviera a nacer, volvería a ser actriz», confesó quien, sin embargo, estaba orgullosísima de haber dejado todo por sus hijos: «Volvería a hacerlo, Paco no me lo pidió, fui yo quien quiso». Su carisma quedó reflejado en magníficas actuaciones, como la de la obra teatral El Pisito o su monólogo de El tiempo es un sueño, de Rafael Álvarez; El Brujo, donde reflexionaba sobre los avatares de la vida, o su último gran papel, en el 2014, con Sueños y visiones del rey Ricardo III, junto a Juan Diego. Pero los espectadores más jóvenes la recordarán por La que se avecina, Los misterios de Laura, y, especialmente, por su reciente papel en Merlí, en donde daba vida a la entrañable yaya de Pol Rubio, que interpreta Carlos Cuevas.

«Es cierto que me he valorado más a mí misma después de la muerte de Paco. Ahora sé que la gente me quiere», confesó la actriz, quien en más de una ocasión afirmó no tener miedo a la muerte: «A los 90 años es una gran liberación».

Las cenizas de Asunción Balaguer, viuda del actor Paco Rabal, madre del director de cine Benito Rabal y de la cantante e intérprete Teresa Rabal, serán trasladadas por sus hijos a Águilas (Murcia), donde reposan desde el 2001 las de su marido. «La felicidad de uno depende solo de rodearse de gente buena», decía la Balaguer. Así era ella.

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