Santos Juliá: entre el rigor del historiador y el compromiso del debate público

El ferrolano centró sus análisis en el siglo XX español, con trabajos desde la República a la Transición


Redacción / La Voz

«El papel de los intelectuales se ha modificado con la expansión de las democracias y con la elevación del nivel general educativo. El compromiso del intelectual, hoy en día, no puede ser otro que el de participar como siempre en el debate público, aunque desde una posición que le permita ser observador crítico de la realidad, no exactamente defensor de una determinada causa u opción política». Esta reflexión de Santos Juliá (Ferrol, 1940-Madrid, 2019), tal y como la expresó en una entrevista en La Voz en el 2005, bien podría presidir su ideario como historiador. Especialista en el siglo XX español, Juliá entendía su propósito como una investigación y difusión del conocimiento que contribuyese, desde la mirada al pasado, a una mejora de la sociedad presente.

Cuestiones como la Segunda República y la Guerra Civil, el socialismo y el sindicalismo, la dictadura y la Transición fueron algunos de sus objetos de estudio preferente, temas que siguen influyendo en la sociedad actual y que Santos Juliá trataba de interpretar como claves al debate contemporáneo. Sus esfuerzos se concretaron en libros como Azaña. Una biografía política o Un siglo de España. Política y sociedad, además de Historia de las dos Españas, que recibió el Premio Nacional de Historia en el 2005. Pero también desarrolló una intensa labor como director de publicaciones colectivas, conferenciante y articulista en prensa, áreas a las que contribuía a ese debate público.

Juliá era doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense y catedrático del Departamento de Historia Social y del Pensamiento Político de la UNED. El convulso siglo XX centró desde muy pronto sus esfuerzos, que ha desarrollado hasta el final de su vida. Demasiados retrocesos, su última obra, se publicó en marzo. «Ha estado investigando hasta el final», confirmó su editora y amiga, María Cifuentes, quien también destacó su ascendencia sobre generaciones posteriores de historiadores.

En sus entrevistas era igual de preciso que en sus libros, donde abordaba desde el revisionismo en su área de estudio -«No es más que una vuelta a las más recias tesis de la propaganda franquista»- hasta especulaciones interesadas sobre cómo podría haber sido el siglo XX español: sin la Guerra Civil, sostenía Juliá, España se habría convertido en una democracia occidental y no en un satélite de la URSS: «Eso es una patraña de la propaganda franquista». A combatir esa y otras propagandas contrapuso el rigor del historiador.

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