El rey del aceite de palma

Tjipta Widjaja, dueño del conglomerado Sinar Mas, era el cuarto hombre más rico de Indonesia


Redacción / La Voz

A pesar de que la industria alimentaria y las asociaciones medioambientales habían puesto el foco en sus negocios, Eka Tjipta Widjaja consiguió salvaguardar su jugosa fortuna hasta el último día. El magnate y dueño de uno de los más importantes imperios productores de aceite de palma del mundo, fallecía este fin de semana a los 98 años en su casa da Jakarta. Y lo hacía con un patrimonio de 9.300 millones de dólares que lo había convertido, según el índice de multimillonarios de Bloomberg, en el cuarto hombre más rico de Indonesia.

Pero no todo fueron días de vino y rosas para el fundador del conglomerado Sinar Mas. Nacido en el seno de una familia humilde y emigrado a los siete años con sus padres a Indonesia desde la China continental, Tjipta Widjaja empezó en el negocio del aceite de palma desde abajo. A los 15 años, y sin más formación que la primaria, recorría montado en una bicicleta las calles de la ciudad de Macasar, en la provincia de Célebes Meridional, vendiendo galletas y caramelos. Estos dulces dieron paso al comercio de aceite de palma y coco y, su olfato innato para los negocios, lo hizo prosperar rápidamente. Las materias primas fueron engrosando su cuenta corriente durante los años treinta. No se conformó. Decidió dar un paso adelante y diversificar sus negocios hasta abarcar una importante variedad de sectores. Inmuebles, papel y pulpa, comida, servicios financieros... Un imperio que actualmente da empleo a unas 380.000 personas y que tras su muerte queda en manos de su amplia familia. Está oficialmente casado con dos mujeres y tiene más de 15 hijos.

Ellos tendrán que pelear contra la guerra que asociaciones como Greenpeace o empresas como Nestlé, Kraft o Abengoa han declarado a uno de sus negocios más jugosos. Golden Agri-Resources gestiona actualmente cerca de 500.000 hectáreas de plantaciones de aceite de palma en Indonesia, además de varias plantas de transformación y refinado del producto. No son buenos tiempos para su industria. Grandes empresas alimentarias se han plantado y han decidido eliminar este componente de sus productos. Las dudas sobre los efectos que puede generar en la salud, unido a los patentes daños que provoca en el medio ambiente (deforestación, pérdida de hábitats y elevadas emisiones contaminantes) han provocado el estallido de una guerra contra la producción de esta materia.

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