Portugal-España: tócala otra vez, Mikel

Rubén Maneiro MUNDIAL CON-CIENCIA

MUNDIAL 2026

Mikel Merino, en el momento del lanzamiento del balón en el gol
Mikel Merino, en el momento del lanzamiento del balón en el gol Lavandeira Jr | EFE

Los España-Portugal se están convirtiendo en duelos históricos desde el Mundial del 2010. En esta ocasión, se enfrentaban seguramente los dos centros del campo más poderosos del torneo. Calidad y talento al servicio del espectador. Pero entre los Pedri, Vitinha, Neves y cía, el que se erigió como el comandante fue Rodri. Dominando los tiempos en ataque, agresivo tras pérdida en defensa, y siempre bien ubicado en transiciones.

Pero, en general, mala primera parte de los dos equipos. Portugal, espesa, no amenazaba el espacio. Para que Vitinha y Neves eleven su potencial, necesitan explosividad en las bandas. Luis Enrique los moldeó para ello en el PSG. Pero ni João Félix ni Neto facilitaron esta velocidad en los carriles exteriores. España sufría del mismo problema. Ni Lamine ni Baena encontraban la verticalidad que el equipo necesitaba. Cucurella y Pedro Porro por detrás tampoco empujaban.

En la segunda parte, España empezó a despertar de la mano de Olmo, el jugador capaz de encontrar espacios. Pero el equipo adolecía de un rematador, alguien que corriera dichos espacios. Ese sería Ferran, que desquició a la defensa lusa. No sabían fijarlo. No sabían detectarlo. No sabían frenarlo entre líneas ni al espacio.

Con Ferran el equipo es otro. Oxigena el ataque. Y entre idas y venidas, apareció en el último momento el de siempre. Igual que dos años antes en la Eurocopa contra Alemania, en el último suspiro. Aquel cabezazo que hundía a Neuer en la portería. Mikel Merino tiene estrella, es de esos jugadores talismanes que solo necesitan un instante para brillar con luz propia. Y ese instante lo encontró de nuevo en los últimos minutos de partido con un pase a la red.

En cuartos espera Bélgica. A priori y sobre el papel, rival ganables. Pero ya sabemos lo que pasa en el fútbol. Ningún entrenador pierde el partido en la pizarra.