Esperando a Materazzi: Cuando los checos eran tan yeyés

MUNDIAL 2026

Jugadores de la República Checa, lamentándose tras perder ante Corea del Sur.
Jugadores de la República Checa, lamentándose tras perder ante Corea del Sur. Francisco Guasco | EFE

Chequia llegó al Mundial de agónico rebote. En una semana superó en tandas de penaltis a Irlanda y Dinamarca. Como ratificó en el partido ante Corea del Sur, su propuesta es la del fútbol más primitivo: el potencial ofensivo se reduce a los córneres y faltas directas al área rival. Cuando no a los saques de banda largos al estilo Rory Delap. Así se adelantó ante Corea, con un gol fabricado entre dos defensas, Coufal y Krejcí. La propuesta checa es metalúrgica.

Maquinaria pesada digna del Athletic Club de los astilleros. O del pugilismo de Urtain. Chequia es al fútbol lo que el Morrosko al boxeo. Corea del Sur le hizo un bien al balón al remontar desde la exquisita construcción del ligero Kang-In Lee. Si Son hubiera sido el de hace 8 años, habrían goleado a los morroskos checos.

La regresión del fútbol del Este de Europa desde la caída del muro es paradójica. Los checoslovacos de la final europea del 76, que le levantaron en Zagreb a la intratable Alemania. Allí se alteraron los roles. Los de Praga parecían el equipo yéyé y contracultural, con Panenka imponiendo su anarquía de penalti. Y Alemania semejaba la dictadura prusiana, con Hoeness y Bekenbauer de kaisers.

Carentes de soberania nacional, Checoslovaquia o Hungría llegaban a finales de mundiales. El Honved de Budapest asombró a Europa antes de que huyeran Puskás, Kocsis y Czibor. Vi jugar a Blokhin en el Teresa Herrera de 1981-82. Me pareció un marciano. Ganó con el Dynamo de Kiev al Bayern, al Madrid y al Barcelona.

Lo que queda hoy de aquel imperio de la democracia (i)rreal, infrarrepresentado en el campeonato, son los restos del holocausto balcánico. La incombustible Croacia. Y esa ninguneada Bosnia, reivindicándose con el cuchillo entre los dientes de la legión extranjera de un país inmaterial. Con un gol de Transilvania (Lukic juega en el rumano Cluj) frente al asedio canadiense en Toronto.