GLC 400 4 MATIC: eléctrico, pero sobre todo un Mercedes

LA VOZ MOTOR

-

En los primeros cien metros, cualquier coche eléctrico sorprende por la inmediatez de su aceleración. Luego todo depende de la potencia y capacidad de la batería. Pero, más allá de las celdas de ión-litio y de las chucherías digitales que hoy se integran en cualquier vehículo moderno, lo que realmente diferencia unos de otros es la calidad de construcción, el confort y las sensaciones que transmite al volante. Y en eso los fabricantes premium alemanes todavía marcan la pauta. He probado durante unos días el Mercedes GLC 400 4MATIC, un SUV de 4,84 metros con 489 caballos y que acelera de 0 a 100 km/h en 4,3 segundos. Con una batería de 94 kWh útiles permite una autonomía oficial de 666 kilómetros, suficiente por tanto para cualquier tipo de recorrido. El consumo oficial WLTP es de 16 kWh a los cien, y sorprende que una mole como esta —pesa 2.535 kilos, más los ocupantes— gestione tan bien el gasto de energía. Si lo ponemos en el modo de recuperación automático se mueve en una horquilla de 17-18 kWh, y solo en autopista supera los 20. En ciudad y alrededores, por tanto, es factible acercarse al rango máximo que declara el fabricante. Es un aspecto a tener muy en cuenta al valorar la compra de un eléctrico, al igual que la potencia de carga. Este GLC permite hasta 330 kW en corriente continua, con lo que pasa del 10 % al 80 % de batería en solo 22 minutos, el tiempo para tomarse un café, ir al baño y seguir de viaje.

Sin extravagancias de diseño en su carrocería, aunque con detalles como la parrilla frontal de ledes, este es un coche que arropa a sus ocupantes, con un tacto de conducción característico de Mercedes, una suspensión amable pero que sujeta bien al GLC en curva —la tracción total, con un motor eléctrico en cada eje, también contribuye—, y una insonorización notable. Hay espacio de sobra en las plazas traseras y cuenta con un maletero de 570 litros, más otro generoso hueco de 100 litros bajo el capó delantero.

En el interior sobresale una pantalla que recorre el salpicadero de lado a lado. Tiene 39 pulgadas y está dividida en tres segmentos: cuadro de instrumentos, pantalla táctil multifunción y otra de infoentretenimiento que puede manejar el copiloto. Los materiales utilizados son de calidad, aunque hay algunas molduras de plástico que desentonan un poco en un vehículo cuyo precio ronda los 80.000 euros.

Entre las opciones destacan un sistema de suspensión neumática que permite modificar la altura de la carrocería y la dureza de los amortiguadores; y el eje posterior direccional, que gira las ruedas traseras en sentido contrario de las delanteras a baja velocidad, para facilitar las maniobras en ciudad, y en el mismo sentido cuando circulamos por encima de los 100 kilómetros por hora.

El Mercedes GLC 400 4MATIC tiene la máxima tecnología, incluyendo un paquete de conducción asistida (2.000 euros adicionales) que funciona bien en vías rápidas. Este modelo infunde tranquilidad, tanto por la atmósfera acogedora y relajada de su interior como por la agilidad de su mecánica a la hora de negociar adelantamientos.