El legado deportivo de Mercedes-Benz

Por Javier Armesto

MOTOR ON

JAVIER ARMESTO

La evolución tecnológica, deportiva y de diseño de la marca alemana se puede ver en una exposición inédita que acaba de inaugurarse en la sede de Mobility City, en Zaragoza.

19 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En el 2008 Zaragoza acogió la Exposición Internacional del Agua, para lo cual se construyeron diversos edificios y recintos. Uno de los iconos de la muestra fue el pabellón-puente proyectado por Zaha Hadid, ya entonces una estrella de la arquitectura tras haber recibido el premio Pritzker cuatro años antes. Este espacio acoge hoy Mobility City, una iniciativa de la Fundación Ibercaja que aspira a convertirse en la principal plataforma tecnológica para el fomento de la movilidad sostenible en España. Arropada por socios de distintos sectores —empresas del automóvil, las telecomunicaciones, la energía o las infraestructuras, así como instituciones, centros de investigación y universidades—, Mobility City echó a andar en el 2018 y desde entonces ha organizado cuatrocientas actividades y recibido a 600.000 visitantes. Y serán muchos más, porque desde el pasado día 7 se puede recorrer en sus instalaciones una muestra inédita que reúne algunos de los vehículos de competición más emblemáticos del mundo. «Mercedes-Benz. Motorsport. El espíritu de las Flechas de Plata», repasa la evolución tecnológica, deportiva y de diseño de la marca alemana a través de piezas únicas y prototipos históricos. En total son dieciséis vehículos llegados directamente del museo Mercedes de Stuttgart y que representan el histórico lema y filosofía acuñado por uno de sus fundadores, Gottlieb Daimler, a finales del siglo XIX: «Lo mejor o nada». Nada más entrar nos recibe un W 196 R Streamliner de 1955, bellísimo coche de carreras, con formas sinuosas, volante de madera y chasis ultraligero, que con 290 caballos era capaz de alcanzar los 305 kilómetros por hora, una cifra extraordinaria para la época. Lo estrenó el argentino Juan Manuel Fangio ganando el Gran Premio de Francia. Justo delante y dando un salto de treinta años encontramos un modesto 190 E 2.3-16 con el que Ayrton Senna venció en la Carrera de Campeones de Nürburgring de 1984, que reunió a leyendas como el astro brasileño, Alain Prost, Niki Lauda, Stirling Moss, James Hunt, Jack Brabham, Keke Rosberg... con la particularidad de que todos pilotaban el mismo modelo, por lo que competían en igualdad total. En otra zona se exhiben exclusivos vehículos de rali de los años 60 y 70 derivados de sedanes y cupés de lujo, como el 220 SE o el 450 SLC Rallye, que ocupó los dos primeros puestos en la Vuelta a la América del Sud de 1978, tras completar 29.000 kilómetros y atravesar el continente de norte a sur, de Caracas a Ushuaia. Podemos contemplar también un Mercedes-Benz 300 SL Roadster, versión descapotable del famoso alas de gaviota; o un prototipo de Le Mans, el C 291 del año 1991, con 380 km/h de velocidad máxima.

Muy especial es la sección dedicada al DTM, campeonato de automóviles de turismo (de calle) modificados, que se disputa en Alemania, una de las series de automovilismo internacionales más importantes. Modelos de 1994, 2005 y 2016 revelan la evolución de esta categoría de coches que llaman la atención por sus jaulas antivuelco, alerones y piezas aerodinámicas de carbono y kevlar.

Pero sin duda el plato fuerte son los míticos flechas plateadas, apodo que reciben los coches Fórmula de Mercedes desde que en 1934 la marca, para cumplir con el límite de peso, decidiera retirar del W25 toda la pintura blanca a base de plomo de la carrocería, dejando el aluminio al descubierto. Este monoplaza ocupa un lugar destacado en el pabellón, junto a su reinterpretación moderna, el F1 W07 Hybrid del 2016, con el que Nico Rosberg y Lewis Hamilton hicieron doblete en el campeonato del mundo y dominaron la temporada con 19 victorias. También está el McLaren-Mercedes MP 4-23 que dio al piloto británico el primero de sus siete títulos; y el MP 4-14 de Mika Häkkinnen, con el motor V10 cuyo aullido echan de menos los pilotos y aficionados del Gran Circo. Con esta exposición, Mobility City consigue recrear la emoción de los circuitos.

«La competición en el mundo del motor tiene mucho que ver con la competición tecnológica y con los avances», explica Jaime Armengol, director de Mobility City. La historia del Rally Dakar es también la historia de la evolución técnica de la moto llevada al límite, desde las primeras monocilíndricas prácticamente de serie, adaptadas con ingenio para sobrevivir al desierto africano, hasta las grandes bicilíndricas, con las que se buscaba más potencia y autonomía. El Dakar se convirtió en un laboratorio extremo sobre dos ruedas: la motos representan innovación mecánica y sus pilotos son testimonio de valentía, estrategia y resistencia humana. Hasta el 14 de junio puede visitarse también en Mobility City otra magnífica exposición, titulada «Reinas del desierto», que reúne más de veinte motocicletas ganadoras y participantes en el rali entre 1982 y el 2025. La muestra forma parte de la programación con la que la Fundación Ibercaja celebra su 150 aniversario y presenta las motos acompañadas de completa información sobre cada modelo y los pilotos que las condujeron.

JAVIER ARMESTO

Reinas del desierto: las motos del Dakar

España ha tenido un papel protagonista en la historia del Dakar, con referentes como Marc Coma, cinco veces ganador en la categoría de motos; Nani Roma, vencedor tanto en motos como en coches; y otros nombres destacados como Jordi Arcarons, Joan Barreda o Laia Sanz. Todas sus monturas se exhiben en una sala de edificio y podemos rodearlas para apreciar todos sus detalles y componentes: manillares, frenos, horquillas de suspensión, asientos, neumáticos de tacos, protecciones, depósitos de combustible suplementarios... Junto a modelos míticos como la Honda XR650V Africa Twin o su rival de principios de los años noventa, la Yamaha Super Tènèrè 750, encontramos la KTM 450 Rally —ya con inyección electrónica— y marcas como Ossa, Sherco, Rieju, Cagiva, e incluso motos prácticamente artesanales como las Alfer, con las que pilotos privados hicieron su sueño de rodar y competir en las dunas del desierto.