Honda, una crisis de altos vuelos

MOTOR ON

Reconozco que lo de Honda me pilla de sorpresa. Como motero que soy, hablar de Honda es hablar del número uno mundial a lo largo de la historia. Pero incluso en su división automovilística pensaba que el crédito de la marca era mayor. No se puede negar que a lo largo de su historia los coches de Honda hicieron gala de una proverbial fiabilidad, eran irrompibles, se decía, y en mercados como el norteamericano es una marca acreditada entre las mejores. Honda, además, supo diversificar su estrategia y, empezando por las motos, consiguió labrarse un hueco en el mundo del automóvil; del material agrícola, con tractores, cortacéspedes, generadores o «quads», e incluso en el mundo de la aviación, fabricando «jets» privados para gente rica.

Honda parecía de todo menos vulnerable. Era el orgullo de Japón, junto a Toyota, Nissan, Mazda o Suzuki. Y es cierto que, cuando las marcas automovilísticas quisieron crecer, buscaron alianzas entre ellas para crear volúmenes más grandes y reducir los costes, aunque Honda, con una filosofía de empresa familiar, huyó de esa estrategia.

Además, la imagen de la marca se sostenía también en sus éxitos deportivos, en el mundo de las dos y las cuatro ruedas. Tradicionalmente dominadora en MotoGP, donde ostenta más de veinte títulos, contó con pilotos de leyenda como Mick Doohan, Valentino Rossi y Álex Márquez.

Lo mismo puede decirse en Fórmula 1. Presente en los circuitos desde los años sesenta, fue veinte años más tarde cuando logró su apogeo con las escuderías Lotus y Williams y con pilotos únicos como Mansell, Prost y Senna. Nada que ver con lo que ahora ocurre en Aston Martin, con el coche de Fernando Alonso, al que parece que la crisis de Honda ha pillado por medio.

Por toda esta historia parece increíble que ahora se desvele la profunda crisis económica que sacude al gigante japonés, por primera vez en sus setenta años. Las pérdidas en los dos últimos ejercicios alcanzan los 14.000 millones, pero lo peor es que le han llevado a cancelar importantes proyectos de futuro, como la electrificación de nuevos modelos como el Afeela, que estaba abordando junto a un socio como Sony. El mercado americano, otrora su gran caladero comercial, le ha vuelto la espalda con los aranceles de Trump a los productos fabricados en Japón, y ha hecho que Honda cambie de estrategia y empiece a fabricar el Civic, su modelo de más éxito, en Estados Unidos en vez de México, como tenía pensado.

Tal vez Honda, el mayor fabricante mundial de motores de combustión, no quiso ver el cambio hacia la electrificación a tiempo, como lo hicieron Toyota e incluso Nissan, y le ha pillado el toro. Ojalá que eso no le cueste caro a un gigante que ahora parece tener los pies de barro.