Robusto, sobrio, eficiente y sin lujos. Así son los calificativos de los primeros modelos. Ricardo Montañés utiliza un Serie III de 1983, que se matriculó al servicio de una empresa de alquiler de coches en Baleares, para atender su explotación de ganadería en el municipio ourensano de Ramirás
25 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En plena era de los SUV y los 4x4 urbanos, muchos de los cuales no pisan una pista de tierra en su vida, aún quedan en determinadas zonas del campo los pioneros de la historia de los todoterreno en España, los míticos Land Rover fabricados en Linares (Jaén) por Santana Motor.
La historia de esta marca de automoción es tan diversa como compleja. Nacida en 1948 en el Reino Unido, se popularizó en España de la mano de Santana (Metalúrgica de Santa Ana) en la década de los sesenta, firma con la que llegaron a un acuerdo en plena dictadura. Salieron al mercado distintos modelos y series hasta 1994 y muchos de ellos son auténticas joyas de colección. Vehículos duros y robustos pensados para trabajar en el campo de una España que no se caracterizaba por tener las mejores comunicaciones por carretera, por eso pronto tuvieron una excelente acogida. El Land Rover Serie II, fabricado ya en España, fue en los años sesenta el coche oficial de muchos departamentos ministeriales, de la Guardia Civil e incluso de la entonces empresa estatal de teléfonos.
El Serie II tuvo una actualización, denominada II a, fabricado entre 1962 y 1974, con algunas mejoras mecánicas y más accesorios que su predecesor. Era un coche sencillo y austero, funcional, sin lujos, que llegó a exportarse a diversos países americanos e incluso a zonas de África y Asia.
El Serie III se fabricó de 1974 a 1984 y ya presentaba los faros delanteros en los extremos de las aletas, abandonando la posición en el centro del motor de los modelos anteriores.
Land Rover salió de Santana, que siguió fabricando unidades, con una parrilla frontal en línea y modelos de gran éxito, como el 2.5/2.500, hasta 1994, bajo su propia marca. Mantenían la filosofía inicial: coches cuadrados y duros que estaban concebidos para durar muchos años tras el trabajo en el campo. Vehículos con tracción a las cuatro ruedas y doble caja de cambios que no tenían miedo a meterse por ningún camino.
A finales de los ochenta, la llegada a España de los todoterreno orientales, con mejores acabados y precios competitivos, se tradujo en serias dificultades para la casa española, que acabó en liquidación tras firmar acuerdos con Suzuki o Iveco años después. Ahora, Santana inicia una nueva senda con modelos que tratarán de competir con los llegados de China, dos pick up orientados al trabajo en el campo, uno diésel y otro híbrido enchufable, que suponen una nueva etapa de la mítica marca española.
En el municipio ourensano de Ramirás, el lechero de Paizás anunció hace décadas la adquisición de un Land Rover a través de unas octavillas que repartió por la comarca de Celanova y que ponía a disposición de los vecinos para hacer los servicios que precisasen. Muchos aún lo recuerdan. Hoy en día todavía quedan vehículos de la marca en la zona de uso diario. Es el caso del Serie III de Ricardo Montañés, más conocido como Richard de Picouto, que, con una explotación de ganadería extensiva, no concibe su labor sin el Land Rover que compró camino del desguace en el 2015 y del que no se desharía de ninguna forma, confiesa.
Se trata de una unidad fabricada y matriculada en 1983 en Barcelona que se fue para Mahón (Baleares) como vehículo de alquiler sin conductor. Allí se topó con un ourensano de Cualedro, que lo trajo para Galicia. No le dio mucho uso y hace diez años lo compró Montañés para su explotación. «Llevaba tiempo parado», reconoce el actual propietario, pero solo tuvo que hacerle una pequeña actualización para ponerlo en marcha y que fuera el alma de su empresa ganadera. Tiene un motor de gasoil de 2.286 centímetros cúbicos que pasa la ITV «sin problema». Está convencido de que no existe un todoterreno mejor para la labor que él realiza en Picouto todos los días del año. Dispone de toma de fuerza PTO, lo que lo acerca a un duro tractor en las tareas del campo. «Los ganaderos no tenemos vacaciones», recuerda, y el vehículo tampoco. Tiene algunos golpes en la chapa y en el interior va cargado con aperos de labranza o lo que haga falta, pero es duro y fiable.