¿Y si me compro un coche eléctrico?

Lo que antes ni siquiera era una opción a tener en cuenta ya es realidad en tres de cada cien nuevas matriculaciones en España. Incentivos fiscales, consumos realmente bajos y leyes ya en marcha para prohibir la entrada de los diésel en grandes ciudades, junto a una oferta más amplia y asequible, cargan de razones su compra.

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Redacción

El coche eléctrico empieza a conectar con el mercado gallego. Es cierto que los conductores siguen apostando por los motores de combustión, pero las estadísticas de ventas muestran que los coches alternativos son los que tienen un mayor recorrido en el mercado. Entre enero y septiembre, los concesionarios gallegos han vendido 27.800 coches. De estos, 1.500 fueron modelos híbridos y 35 eléctricos, un 80 % más que hace un año.

Cada vez hay más modelos entre los que elegir, y con más autonomía y velocidad de recarga. Los precios empiezan a ser más accesibles. Y las administraciones parecen decididas a apostar por este tipo de autos (para ellos se piensa la próxima edición del plan de ayudas del Gobierno PIVE).

La apuesta del sector es decidida y no parece que tenga marcha atrás. El grupo PSA, pionero en la fabricación de furgonetas eléctricas (los modelos Peugeot Partner y Citroën Berlingo, que se ensamblan en la planta de Vigo), lanzará una generación de vehículos eléctricos en el 2020, según anunció su presidente, Carlos Tavares.

¿Qué mejor que probar uno de estos eléctricos made in Galicia? Nos prometen una conducción tranquila, confortable y con unos ahorros sorprendentes. Allá vamos. Antes de girar la llave del encendido no están de más unos minutos de adaptación, porque una vez en el habitáculo del Partner Electric existe el riesgo de olvidar que vamos a conducir un coche eléctrico: volante, dos pedales, cambios automático y cuadro de mandos que incluye cámaras de ayuda a la conducción. Arrancamos con un nivel de carga completo.

La autonomía homologada del vehículo es de unos 170 kilómetros, aunque en un uso normal la cifra real se situaría entre los 140 y los 150 kilómetros. Con ello, permite una utilización sin problemas del vehículo como un modelo de reparto en ciudad, sin depender de los enchufes. Sin percibir el más mínimo ruido o vibración, el Peugeot comienza moverse y se deja manejar con gran soltura a la hora de salir del punto de estacionamiento o realizar cualquier otro tipo de maniobra ya por carretera.

Responde con gran precisión y suavidad al acelerador, y tiene un tacto blando de dirección. A todas estas virtudes se suma el ahorro. Una recarga completa de las baterías tiene un coste de 1,5 euros. Si se compara el mismo vehículo en versión HDI (un consumo real de 5 litros cada 100 kilómetros), multiplicado por el precio del gasóleo en estos momentos, la diferencia es más que evidente.

La recarga doméstica no ofrece el menor problema, porque basta con habilitar un enchufe en la plaza de garaje comunitario o de la vivienda. El propio concesionario se encarga de instalarlo.

También la red está creciendo en establecimientos públicos y privados. Solo en un año, la infraestructura de abastecimiento en espacios públicos para este tipo de vehículos ha pasado de 42 puntos en agosto del 2016 a 86 al cierre del mes pasado, aunque, eso sí, la gran mayoría concentrados en el arco atlántico.

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