Los vapores Coruña-Ferrol (II)

El vapor Comercio, el primer buque de La Herculina Ferrolana que cubrió la ruta A Coruña-Ferrol, era ya un veterano en 1901. Engendrado en el astillero escocés de Robert Chambers, aquel «paddle steamer» de casco de acero, 61 metros de eslora, 272 toneladas de carga y capaz de navegar a 15 millas por hora, había nacido dos décadas antes con el nombre de Chancellor. Achacoso y necesitado de una puesta al día, la naviera no tardó en reemplazarlo por otro vapor de dimensiones más reducidas: el Marqués de Amboage.


«Por una peseta se va en el vapor, / se come, se bebe y se ve la función. / El que no la tiene, no va en el vapor, / ni come, ni bebe, ni ve la función». No parece que la copla, recordada por el ferrolano Gonzalo Torrente Ballester en su obra Dafne y ensueños, se refiera a los dos vapores de ruedas de La Herculina Ferrolana. La travesía solo duraba 45 minutos y no era tan placentera como se deduce de los versos. Sobre todo, al atravesar las aguas turbulentas de A Marola, como advierte otra copla «de antroido» exhumada por Bernardo Máiz: «Escomenzáronnos as tripas / a brincaren como cabras, / e o tío Xan ajomitoulle / a unha vella pola cara».

Claro está que el servicio que ofrecía el Comercio a los pasajeros de tercera, cuyo billete costaba 50 céntimos, no era igual al dispensado a los ocupantes de los confortables camarotes, que abonaban dos pesetas. En uno de estos saloncitos pergeñaba el pintor y escritor Rafael Balsa de la Vega, «sumido en el misterioso silencio del Océano» en la madrugada del 16 de agosto de 1901, sus impresiones para La Ilustración Española y Americana.

A veces la tranquilidad saltaba por los aires, a causa del temporal o de alguna maniobra desgraciada. Le sucedió al Marqués de Amboage, exactamente al cumplirse seis años del plácido viaje de Balsa de la Vega: el vapor, con Pepe el Ostrero al timón, fue abordado por el pesquero Boadicea que salía a faenar de madrugada. Y le ocurrió también a su compañero de ruta, víctima de la ira del mar en febrero de 1914, como contaron los periódicos: «El vapor Comercio embarrancó en el fango a causa del temporal y pudo ser remolcado por otro vapor cuando estaba a punto de ser estrellado contra las peñas».

La Herculina ferrolana

Durante tres lustros, los dos vapores de la Herculina Ferrolana dominaron la ruta marítima A Coruña-Ferrol. Aunque Juan J. Burgoa sitúa la naviera en la órbita del poderoso comerciante ferrolano Nicasio Pérez -desconozco con qué fundamento-, las acciones de la firma, constituida con un capital de 475.000 pesetas, se repartían entre 300 socios, de los cuales más de dos tercios residían en Ferrol.

José Caramelo Miramontes, un militar condecorado tras su participación en la última guerra carlista y copartícipe en destacados proyectos coruñeses -Economato Cívico-Militar, Cooperativa Eléctrica, Compañía de Tranvías...-, era uno de los principales accionistas. Tras su muerte, acaecida en 1905, el consejo de administración de la naviera quedó integrado por Manuel Naveira, como gerente, José San Román, Vicente Seoane, Rogelio Monzón, Enrique S. Frige, Ramón Zincke y Antonio Vieites.

A esas alturas, la compañía navegaba viento en popa. El Marqués de Amboage, desde su entrada en servicio en 1903, acaparaba la mayor cuota del tráfico entre los dos puertos. Había doblegado la resistencia del viejo Hércules y competía exitosamente con otros dos adversarios: el Ares y el Ferrolano. El Ares, de la Compañía de Salvamentos Marítimos auspiciada por las casas de banca Sobrinos de José Pastor e Hijos de Marchesi Dalmau, se mantuvo poco más de un año en la ruta. Mayor longevidad alcanzó el vapor Ferrolano, antiguo remolcador del Arsenal y veterano de guerra que, tras ser desarmado, fue subastado en Ferrol. Lo adquirió -en realidad, solo el cascarón de acero, sin máquinas ni ruedas de paleta- el industrial Mariano Piñeiro por 10.050 pesetas, quien lo reconstruyó en su astillero de A Graña para devolverlo al mar.

La primera vía de agua en La Herculina Ferrolana se abrió en 1906. La naviera, aún con sus dos vapores sin amortizar, decidió suscribir un empréstito de 75.000 pesetas para remozar el Comercio. Surgieron entonces las primeras desavenencias societarias. El buque fue reparado a fondo en los Astilleros de Gil y Compañía y botado de nuevo, con gran solemnidad y en presencia de la infanta Isabel de Borbón, momento descrito líricamente en La Vida Marítima: «Cortadas las amarras, el Comercio, profusamente empavesado, se deslizó feliz y majestuosamente por la grada, flotando con gallardía a unas cuantas brazas del dique donde se habían verificado las importantes obras de reparación».

Aplastados por el tren

Tres años después, cuando los acreedores llevaban cuatro meses sin percibir los intereses de sus préstamos, el médico José Caramelo Lestache, heredero del laureado militar que había cofundado la naviera, ponía el grito en el cielo. Calificaba de «innecesaria» la reparación del vapor Comercio, cuyo papel lo desempeñaba «admirablemente» el Marqués de Amboage, y arremetía contra la dirección de la empresa: «No conocemos, o no recordamos al menos, gestión más desastrosa que la llevada a cabo por el gerente actual, don Manuel Naveira, y sus leales acompañantes de consejo».

Pero no fue la gestión la que, a la postre, tumbó a La Herculina Ferrolana. A la naviera la aplastó el tren Betanzos-Ferrol. El ferrocarril, inaugurado en 1913, ganó la batalla al mar y el Diario de Galicia se encargó, en agosto de 1916, de publicar los epitafios de los emblemáticos vapores: una casa de Bilbao adquirió el Marqués de Amboage por 22.000 duros y otro armador vizcaíno ofrecía 16.000 duros por el Comercio. A la competencia no le iba mejor: el Ferrolano era liquidado por 10.000 duros. Y apostillaba el diario: «El vecindario lamenta la venta de estos buques, pues en lo sucesivo la travesía entre Ferrol y la Coruña tendrá necesariamente que hacerse por ferrocarril».

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