La compañía gallega que cubre piscinas de Versalles a Dubái

MERCADOS

Jesús del Castillo, director de márketing de la empresa Pipor.
Jesús del Castillo, director de márketing de la empresa Pipor. PACO RODRÍGUEZ

La empresa Pipor celebra su 30 aniversario como líder del sector

07 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La cubierta de una piscina en Galicia, una estructura en una isla privada en los Emiratos Árabes, otra en un castillo parisino, en un glampin o incluso un silo de despegue de drones militares en Europa. Todas estas construcciones tienen un origen común y se encuentran en el polígono compostelano del Tambre. En total, son más de 5.000 los proyectos que la empresa Pipor ha desarrollado desde su fundación en el año 1996.

«La empresa nació por casualidad», reconoce Jesús del Castillo Ramos, director de márketing. La necesidad de cubrir la piscina de su casa en Teo llevó a su fundador, Avelino Iglesias —un profesional con experiencia en el sector del aluminio—, a dar con un mercado en plena expansión en la España de los noventa. «Vio que no había competencia y que los productos que se ofrecían eran mejorables». Fundó la compañía y le dio el nombre de los dos productos que pensaba comercializar (piscinas y portales automáticos); pero la segunda pata de su proyecto empresarial quedó en algo residual dado el éxito que cosechó la primera ya desde los primeros años de su fundación.

«Fuimos pioneros en introducir una serie de elementos que no existían entonces», explica Del Castillo. Sobre todo, se diferenciaron por personalizar cada una de las estructuras que fabrican: «Aunque sean del mismo tamaño, no hay dos cubiertas iguales», subraya. Eso hizo que sus productos fueran claramente identificables en un sector donde casi todo es estándar. Así, el boca a boca comenzó a funcionar, lo que hizo que pronto se fueran ampliando las fronteras de la firma compostelana.

Su mercado inicial fue el gallego; después pasaron al nacional y, de ahí, al portugués; a los doce años de su fundación, dieron el salto a Francia, país líder en el sector de las cubiertas de piscina que les abrió la puerta a otros mercados mucho más lejanos, como los países árabes o África. «La internacionalización no fue algo premeditado, vino dada por la imagen de marca generada con el paso del tiempo», destaca su representante. A día de hoy están presentes en tres continentes.

Además de su especialización en el cerramiento de piscinas, a la firma le iban llegando propuestas desde estudios de ingeniería y arquitectura que demandaban «productos que ni siquiera estaban inventados». Entre los más destacados citan la cubierta móvil de aluminio más ancha de Europa, un proyecto de ingeniería para el príncipe heredero de Dubái en su residencia de una isla privada; otro para un residencial de primer nivel en Riad (Arabia Saudí); un cerramiento en un castillo de la familia Hermès en París o dos centros de exposiciones y eventos en Yaundé (Camerún). Pero también firman muchas de las cubiertas que se ven por la geografía gallega, siempre con una misma máxima: idéntico estándar de calidad para todos los clientes. Explican que han realizado trabajos para actores, deportistas de alto nivel o directivospresidentes del Ibex, pero también para ciudadanos de a pie.

Capital 100 % gallego

En su trigésimo aniversario, esta empresa de capital cien por cien gallego sigue creciendo de manera sostenida y con una premisa fundamental: controlar todo el proceso. Desde el diseño hasta la instalación de las estructuras, pasando por su construcción y transporte, Pipor no subcontrata ni recurre a concesiones. «Es una de las bases de nuestra filosofía, tener controlado absolutamente todo». Como prueba de ello, citan el caso de la cubierta para la piscina municipal más grande de Santiago. Pipor desarrolló íntegramente el proyecto técnico que fue tomado como base para la licitación pública; sin embargo, cuando la adjudicación recayó en una solución que pretendía ejecutarlo con materiales y especificaciones diferentes a las proyectadas por ellos, decidieron renunciar a la obra al considerar que se comprometía su estándar de calidad.

Asimismo, mantienen todo su capital en Galicia, a pesar de que hace años recibieron ofertas de compra de una empresa israelí y otra estadounidense que tenían la intención de posicionarse en el mercado europeo. Decidieron continuar en solitario, conscientes de que la inclusión de un agente externo podría cambiar su filosofía de relación directa con el cliente.

Artesanos del aluminio

Son pioneros en incorporar materiales antes no usados en este sector, como el vidrio de seguridad, y utilizan sistemas propios registrados y patentados. Actualmente, fabrican una cubierta al día, y no solo para piscinas. Su tecnología responde también a desafíos industriales de alta seguridad. Es el caso de una planta vinculada a la energía nuclear que necesitaba trasladar material entre dos edificios contiguos bajo un ambiente totalmente aséptico; Pipor diseñó una cubierta telescópica móvil que, al desplazarse, se ensambla herméticamente entre ambas construcciones para garantizar el aislamiento. Además, trabajan para embarcaciones náuticas turísticas, empresas de acuicultura, estaciones depuradoras de agua, yates de lujo y hasta una pirámide de cristal para un centro de exposiciones en Versalles.

Cincuenta trabajadores y el reto de crecer sin perder su esencia de «orfebres»

Pipor cerró el pasado ejercicio con una facturación de seis millones de euros y cuenta con una plantilla de cincuenta trabajadores. Trabajo no les falta en un país que cuenta con el segundo parque de piscinas más grande de Europa. Sin embargo, ellos se consideran «orfebres de sus sistemas» y reconocen las dificultades que encuentran a la hora de hallar personal cualificado. Por esta razón, prefieren hablar de un crecimiento sostenido: «Si no vendemos más es porque no queremos perder esa seña hasta no tener personal cualificado».