Cómo recuperar el capital humano exportado desde Galicia y atraer talento

Alberto Vaquero García ECOBAS-UNIVERSIDADE DE VIGO. GEN

MERCADOS

MABEL R. G.

En Galicia faltan empresas que posibiliten un desarrollo profesional y completo de todas las personas con titulación universitaria

01 jun 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

En la última publicación del Observatorio Galego de Dinamización Demográfica de Galicia he tenido la oportunidad de analizar la situación del capital humano en nuestra comunidad en relación a los flujos de entrada y salida. No digo nada nuevo cuando señalo que no siempre los años de esfuerzo necesarios para finalizar unos estudios universitarios —y su coste económico— no se ven rentabilizados con la obtención de un puesto de trabajo adecuado. Si bien la tasa de paro de las personas con formación universitaria es la más baja de todos los grupos educativos, el acceso al empleo no es un camino de rosas. En la Encuesta de Inserción Laboral de los Titulados universitarios para el 2019 del INE se señalaba cómo la tasa de paro cuatro años después de finalizar los estudios era del 8 %, siendo más alta para las mujeres (8,8 %) que para los hombres (7 %). Además, el acceso a un empleo tras terminar la formación universitaria no es inmediato. Solo el 22 % de las mujeres y el 25 % de los hombres con formación universitaria tardaron menos de tres meses en encontrar su primer trabajo.

Por otra parte, es posible que los jóvenes se vean obligados a aceptar cualquier trabajo, aunque no tenga excesiva relación con la formación recibida. En un informe del Observatorio Social de la Caixa del 2019 se señalaba que casi el 7 % de la población en España vivía en hogares con personas que están empleados por debajo del 20 % de su potencial de trabajo, un claro síntoma de la sobreeducación. En el informe de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD) del 2023 se indicaba que España es el país europeo con mayor sobrecualificación. En el 2022, el 40 % de las personas ocupadas entre 20 a 64 años con estudios superiores desempeñaba tareas de baja cualificación, casi el doble que la media de la UE.

Ante este panorama, algunas personas con titulación universitaria optan por emigrar con la esperanza de encontrar fuera un trabajo u otro empleo mejor. En Galicia esta pérdida neta de personas con titulación universitaria se agrava más con el envejecimiento demográfico, lo que claramente limita la capacidad de mejora de nuestra economía, aunque la situación en Galicia con relación a esta emigración del talento es cercana a la media nacional, por lo que tampoco hay que ser demasiado alarmistas.

Para reducir esta fuga de talento, en el estudio presentado aportaba las siguientes recomendaciones. En primer lugar, es necesario realizar un mayor esfuerzo en materia de empleo para posibilitar un mejor ajuste de la oferta con la demanda de trabajo. La solución pasa por que Galicia ofrezca a la gente joven con estudios universitarios lo que se ven obligados a buscar fuera, esto es, puestos de trabajo que se adapten a su cualificación. No es la primera vez que he señalado que una parte de los egresados universitarios en el área científica y tecnológica que han realizado su formación en Galicia acaban trabajando en otras comunidades, especialmente en Madrid y Cataluña. Sin embargo, el problema no se soluciona únicamente con la creación de empresas de estas características en Galicia. Es necesario ir más allá, mejorando las condiciones salariales de nuestros jóvenes técnicos y científicos si queremos retener el talento que viene produciendo en Galicia.

Desarrollo profesional

En Galicia faltan empresas que posibiliten un desarrollo profesional y completo de todas las personas con titulación universitaria. Por lo que es imprescindible conseguir un tejido productivo que aproveche la elevada inversión pública y de las familias en enseñanza universitaria. Sin duda, esto frenaría la emigración, especialmente la de la población con más capital humano. A medio y largo plazo también es necesario que personas con alta formación opten por residir en Galicia. Es decir, debemos convertirnos en un territorio atractivo para estas personas.

En segundo lugar, la creación de empleos pasa necesariamente por contar con empresas innovadoras y empresas de mayor tamaño. Esta es la clave de bóveda sobre la que pivotan las políticas europeas en las últimas dos décadas para atraer capital humano cualificado. Sin embargo, crear empresas no es nada fácil, ya que hay que actuar sobre todo el ecosistema emprendedor. Como es conocido, en Galicia el tamaño de las empresas es muy reducido. El 96 % lo conforman pymes y algo más del 80 % de las firmas gallegas no superan los dos millones de euros de facturación. Esto se traduce en una baja demanda de personas con titulación universitaria. En consecuencia, es aconsejable aumentar el tamaño empresarial, ya que no solo permitirá aumentar la demanda de personas con estudios universitarios, sino que mejorará las condiciones de competitividad de las empresas, en un marco cada vez más globalizado.

Un tercer punto pasa por establecer políticas que permitan a nuestras empresas competir en igualdad de condiciones. La administración pública tiene la obligación de establecer las condiciones que permitan este objetivo. Galicia tiene que apostar más por I+D y esto no se sencillo. En el 2022 la aportación a nivel nacional a esta partida fue del 1,5 % del PIB, en Galicia del 1,1 %. Además, desde la óptica privada hay que realizar un mayor esfuerzo inversor. En Galicia, el sector empresas representó en el 2022 el 52 % del I+D. Se trata de una materia pendiente para el tejido productivo gallego. Para favorecer estas actuaciones se debería plantear un estímulo fiscal.

Digitalización

Es necesario también impulsar las actividades relacionadas con la tecnología en Galicia. Este déficit dificulta la digitalización del sector productivo, lo que redunda en un retraso en su modernización y reduce la creación de empleo. Esta situación incentiva la emigración de personas tecnólogas. Si bien Galicia contaba, en el 2020, con cerca de 3.000 empresas TIC, la mayor parte tenía dos asalariados o menos, una evidente muestra de su reducido tamaño. Al mismo tiempo, el 70 % de estas empresas consideraban difícil contratar nuevo personal en especialidades STEM.

Por lo tanto, sería recomendable que desde Galicia se incentive la captación de empresas relacionadas con las TIC para que no se pierda el capital humano que supone la emigración de personas tecnólogas. Al mismo tiempo, es necesario una mayor interconexión entre los centros tecnológicos, las universidades gallegas y la administración, especialmente a la autonómica.

La quinta recomendación pasa por mejorar la cooperación ente el sector productivo y el Sistema Universitario de Galicia (SUG). Es necesaria una mayor adecuación del SUG a las demandas del tejido productivo gallego, puesto que solo así se conseguirá una orientación mucho más real a las exigencias de nuestro entorno.

Si se quiere que Galicia recupere a los jóvenes con talento que han emigrado, se debe garantizar los mimbres adecuados para hacer más atractiva su vuelta. Para eso es imprescindible contar con la adecuada estabilidad laboral y posibilidades de promoción del personal investigador de alta formación. Los nuevos grados duales que se están potenciando en el SUG pueden ser una potente herramienta para alcanzar esa necesaria colaboración entre las empresas y los centros universitarios.

Por otro lado, es imprescindible garantizar calidad de vida de las personas jóvenes. Retener y captar talento va más allá de mejorar las condiciones de empleo y de naturaleza salarial. O, dicho de otra forma, el salario no lo es todo. Resulta preciso garantizar los servicios públicos y privados que posibiliten calidad de vida. A modo de ejemplo, es necesario ofertar plazas en colegios y universidades para los descendientes, cuidados para los ascendentes o sanidad de calidad.

Salario emocional

Se trata de apostar por el salario emocional, que recoge todos los beneficios que recibe una persona trabajadora de su empresa y que posibilitan una mejora de su nivel de bienestar y satisfacción, sin que esto suponga necesariamente un aumento salarial.

Esto pasa necesariamente por mejorar la cultura organizativa de la empresa.

En octavo lugar, debemos recuperar, total o parcialmente, la inversión del personal de alta cualificación. Para ello hay varias opciones, por ejemplo, la «repatriación» de ese capital humano o la vía de la colaboración desde el país de destino, a través del teletrabajo. La primera de estas fórmulas suele implicar una inversión elevada, ya que deben ofertarse las mismas condiciones laborales que se disfrutan en el país de destino y esto no siempre es posible. La segunda supone una inversión económica menor y, además, puede ser el primer paso para recuperar al talento emigrado a través del entorno virtual.

También hay que promover públicamente estrategias de retorno. Desde el Gobierno autonómico ya se han dado pasos para intentar recuperar ese capital humano que emigró por cuestiones laborales. Algunas de las iniciativas aprobadas por la Xunta de Galicia van en la línea de lo hecho por otras comunidades, a través de programas para la captación o repatriación del talento emigrado..

Por último, debemos buscar las causas de la marcha de los trabajadores para saber en qué tipo de sectores están trabajando. Esto posibilita conocer los motivos que provocaron su marcha, siendo imprescindible para diseñar las medidas.