Solidaridad del sistema de pensiones

isabel Novo. Catedrática de Economía de la Universidade da Coruña

MERCADOS

SANDRA ALONSO

25 feb 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Estudios de la OCDE sitúan a España, hacia el 2050, como el segundo país más envejecido del mundo, tan solo por detrás de Japón. Japón es, en la actualidad, la nación con mayor población de edad avanzada, un proceso que se ha acelerado desde los años ochenta. Sin embargo, Corea le ha sustituido como el país en el que el envejecimiento es más rápido, fenómeno en el que se inscriben Grecia, Italia, Portugal y España.

Por otra parte, el FMI, en diversos informes, ha afirmado que se debe ir hacia una reforma del sistema de pensiones si se quiere mantener el poder adquisitivo de las prestaciones y mantener una cierta solidaridad entre generaciones (es decir, que no sean los pensionistas futuros los que paguen los costes de los desequilibrios actuales).

Los demógrafos se sirven de un dibujo de El Principito, de Antoine de Saint Exupéry, para ilustrar las consecuencias que llevará el envejecimiento de la población: un elefante dentro de una boa, un gran cuerpo que se desplaza en el interior de la serpiente a medida que la población va envejeciendo. Cuanto más se acerca la trompa del elefante a la cola de la boa más evidente resulta el problema político que plantea y la sostenibilidad en nuestros sistemas de previsión social. El actual sistema lo es de reparto y no de capitalización, es decir, un sistema en el que los que trabajan ahora cuentan con que las generaciones futuras pagarán sus pensiones de la misma manera que ellos ahora pagan la de los jubilados actuales. Hasta hace unos años, este sistema ha permitido pagar las pensiones de los jubilados e incluso ayudar al Gobierno a absorber baches financieros que nada tienen que ver con el propio sistema.

Las cotizaciones de empresarios y trabajadores no llegan para pagar el creciente gasto en pensiones. Este se ha incrementado mucho en los últimos años, pues se está empezando a jubilar la generación del baby boom, presionando al alza sobre los gastos. Mientras, los afiliados y sus cotizaciones crecen mucho menos, lo que hace tensionar al actual sistema de reparto.

Según las estimaciones del INE y el INSS, el peso de las personas activas entre 16 y 64 años, ambos inclusive, caerá desde el 65 % en el 2022 hasta el 57 % en el 2050, mientras que la población mayor de 64 años aumentará desde el 20 % en el 2022 hasta el 30 % del total.

El Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) en un documento que analiza el futuro de las pensiones desde el punto de vista de los cambios demográficos y la Fundación BBVA afirman que el envejecimiento de la población elevará la tasa de dependencia demográfica pasando del 31 % en el 2022 hasta el 53,7 % en el 2050. Para poder lograr el déficit cero harían falta unos 3,78 millones más de afiliados a la Seguridad Social, es decir, una cifra superior al total de personas desempleadas a diciembre del 2022. Con la evolución prevista en la demografía, en el 2050 serían necesarios más de seis millones de cotizantes adicionales para conseguir un sistema de pensiones sostenible financieramente. En los próximos años, se requerirá un incremento muy importante de cotizantes, a través de retraso de la jubilación y la entrada masiva de inmigración, para compensar el desajuste.

De momento, es necesario recurrir a los PGE para abonar las prestaciones sociales. El porcentaje tendrá que aumentar en los próximos años y ahí se abre un gran debate entre los académicos, las cotizaciones sociales son impuestos sobre el empleo, estas se integrarían en el sistema tributario y se pagan todos los gastos en su conjunto incluyendo las prestaciones sociales. Esta idea se acercaría a las propuestas nórdicas en las que el IVA es más elevado y las cotizaciones sociales más bajas.