Atrapado en las predicciones para el 2024

Alvaro Galiñanes Franco. director de inversiones de Santander Private Banking Gestion

MERCADOS

cedida

21 ene 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Groundhog Day es una obra maestra de mediados de los noventa que narra, de manera hilarante, el bucle infinito en el que se ve inmerso el hombre del tiempo de una televisión nacional que tiene que cubrir la celebración del Día de la Marmota que se celebra en un pequeño pueblo de Pensilvania llamado Punxsutawney. Que al despertarse la marmota del letargo invernal vuelva a su madriguera o no es la excusa para narrar las aventuras del hombre del tiempo que se ve «atrapado en el tiempo» porque, para él, cada día vuelve a ser el Día de la Marmota. Algo parecido sucede estos días cuando hacemos balance de lo bueno y lo malo del año pasado y repasamos nuestras predicciones para este 2024. En finanzas no tenemos roedores que nos vaticinen lo que va a pasar; pero, al igual que en la película, (casi) todo se repite con ligeros cambios. Aquí van algunas de las predicciones de comienzo de año.

Crecimiento inferior al potencial

En general, el crecimiento mundial seguirá siendo modesto y cada vez será más reflejo del endurecimiento de la política monetaria, la debilidad del comercio y la menor confianza de las empresas y los consumidores en un entorno donde las condiciones financieras son menos benévolas, en general, y con un coste de financiación sensiblemente más alto. Se prevén menores tasas de crecimiento anual del producto interior bruto (PIB) en todas las grandes regiones en el 2024 en comparación con el 2023, aunque la fortaleza de algunas regiones como Asia contribuirá a que la cosa no vaya a mayores y volvamos a hablar de soft landing a nivel mundial.

Por citar algunas cifras, podemos decir que la economía mundial ha crecido más o menos en torno al 3 % en el 2023, bajará unas décimas en el 2024 y volverá a crecer a ritmos del 3 % en el 2025, gracias, sobre todo, a la contribución del mundo desarrollado. En Estados Unidos, la desaceleración es mucho más acusada que en anteriores ocasiones y el consenso espera que este año el PIB aumente en torno al 1,5 % en el 2024 y, solo a medida que se suavice la política monetaria, aumentará de nuevo ligeramente en el 2025. En Europa, todo nos ha afectado más estos últimos meses, por la guerra en Ucrania y la crisis de los precios de la energía, y se prevé un crecimiento del PIB del 0,9 % para este año. La gran esperanza es Asia. Se espera que China crezca un 4,7 % en el 2024, si las tensiones que sigue sufriendo el sector inmobiliario y las elevadas tasas de ahorro de los hogares lo permiten; mientras que la India será, del mundo emergente, la economía que más crezca este 2024 y en el 2025 con tasas superiores al 6 % de media.

Todo esto no está exento de riesgos porque las tensiones geopolíticas siguen siendo una fuente clave de incertidumbre y han aumentado aún más como consecuencia de la evolución del conflicto tras los atentados terroristas de Hamás contra Israel y las tensiones del mar Rojo. Esto puede agudizarse porque ya estamos viendo aumento de costes y retrasos en el comercio internacional debido a los ataques de hutíes contra embarcaciones que tienen que desviar sus rutas hacia Sudáfrica. Más o menos, el 15 % del comercio internacional pasa por las costas de Yemen y desviar los barcos hacia el cabo de Buena Esperanza representa un aumento significativo de los costes y tiempo en las rutas.

La inflación seguirá moderándose

La inflación ha sido la causa de casi todos los problemas en finanzas y, ahora, puede ser parte de la solución. Si a mediados del 2020 cambiaba drásticamente la tendencia de los precios de la última década, escalando a niveles no vistos desde mediados de los años 80, en el 2022 la tendencia se invierte y en el 2023 los precios siguen bajando, es verdad que a un ritmo más lento, sobre todo porque la mayor parte de los componentes del sector servicios son menos resilientes. El consenso de mercado espera que la inflación para el 2024 se sitúe algo por debajo del 4 % a finales de año en el mundo desarrollado, lejos aún de los objetivos de los banqueros centrales, pero sensiblemente más bajos de lo que hemos tenido estos tres últimos años. Lo más razonable es que las subidas de tipos vayan surtiendo efecto y que el crecimiento de los precios vaya atemperándose y alcance los objetivos de largo plazo de los bancos centrales hacia finales del 2025.

Tipos altos por más tiempo

Los efectos del endurecimiento de la política monetaria desde principios del 2022 son cada vez más visibles. En la mayoría de las economías podemos decir que los tipos de interés oficiales parecen estar en su nivel máximo o cerca de los máximos y, sin embargo, la política monetaria debería seguir siendo restrictiva hasta que haya indicios claros de que las presiones inflacionistas se reducen de forma duradera. El mercado descuenta todo muy deprisa, pero lo más razonable es que no haya bajadas de tipos en ninguna de las principales economías avanzadas hasta bien entrado este año o principios del 2025. Hay margen para bajadas en algunas economías emergentes, pero es más probable que las condiciones financieras mundiales marquen el ritmo de lo que pase con los tipos.

El calendario electoral va a crear incertidumbre política

Los factores geopolíticos van a seguir siendo una importante fuente de riesgo e incertidumbre en torno al mundo económico, todo ello agravado por la celebración de importantes elecciones en un número inusualmente elevado de países. Las campañas electorales marcarán la agenda política en varias economías emergentes importantes, como India en primavera y México a mediados de año. En Europa tendremos elecciones al Parlamento Europeo, también previstas para junio, y en Estados Unidos el resultado de las elecciones y las consecuencias políticas pueden ser un obstáculo para las perspectivas económicas.

Persistirán los obstáculos financieros al crecimiento

Es muy previsible que las consecuencias de las subidas de los tipos de interés empiecen a pesar sobre la capacidad de endeudamiento durante este año y no sería raro que se ralentice mucho el crecimiento del crédito en un contexto de mayores garantías por impagos.

¿Cómo combinar todo esto en nuestras inversiones?

Pues, con cautela, como siempre, que llevamos muy pocos días de mercado y es pronto para pensar en el resultado final del año; pero todo lo que han corrido los mercados en el mes de diciembre del año pasado, es camino que ya probablemente no recorran este año. No tengan más bolsa en sus carteras de la que les deje dormir. Dicho esto, de momento parece razonable tener más exposición a la bolsa americana, emergentes (si nos creemos que el año del Dragón en China cambia las tornas) y Japón que lo que tendríamos en Europa o incluso en bolsa española. Todo ello, con un sesgo razonablemente equilibrado con más peso en sectores capaces de aguantar la pedrada (si me permiten la expresión) ante costes financieros altos y la posibilidad de que los beneficios se resientan algo en los primeros meses del año. Sector financiero, energía por la transición, su alta capacidad de generar dividendos y todo el protagonismo en la transición energética que tenemos por delante y, por mojarme aún más, tengan también más peso en pequeñas compañías que en grandes y valor o value frente a crecimiento o growth.

Sea como sea, esperemos que la marmota Phil este año no se vuelva a la madriguera, sea un invierno corto y volvamos a tener un año razonable de mercados.