La recaudación fiscal bate récord: 80 millones más al mes en Galicia

G. Lemos REDACCIÓN / LA VOZ

MERCADOS

Juan Salgado

Los ingresos tributarios entre enero y noviembre del 2022 crecieron un 12 % en la comunidad, espoleados por la creación de empleo, la inflación y la reducción de la economía sumergida durante la pandemia, por el auge de los pagos electrónicos y las ayudas a asalariados y autónomos

16 ene 2023 . Actualizado a las 10:35 h.

A falta de la confirmación oficial por el Instituto Nacional de Estadística, que llegará a finales de este mes de enero, la economía española creció en el entorno del 5 % el año pasado. El empleo también desafió la desaceleración y se incrementó casi un 4 %, con una media de afiliados a la Seguridad Social de 20,1 millones durante el ejercicio que acaba de terminar. Cifras, en cualquier caso, que quedan muy por debajo del aumento de la recaudación, que entre enero y noviembre del 2022 creció un 15,9 % en relación al mismo período del año pasado, hasta los 239.789 millones de euros.

Aunque habrá que esperar a finales de marzo para conocer el dato de cierre de ejercicio, lo que está claro a estas alturas es que los ingresos tributarios superarán con creces a los de un 2021 también de récord (ya en octubre se había superado el acumulado de todo el año anterior). En los once primeros meses el superávit de recaudación rozó los 33.000 millones de euros, a razón de casi cien millones adicionales por día. La evolución de los ingresos tributarios, con todo, es muy diferente en función de las comunidades. Así, hay regiones como Cantabria o Baleares donde el pago de impuestos ha aumentado en más de un 50 % en lo que va de año, en buena medida por el auge del turismo en el primer verano sin restricciones por la pandemia. Y las hay donde el repunte queda muy lejos de las dos cifras, como es el caso de Extremadura, con un alza del 4,3 % por el menor dinamismo económico.

En Galicia, la recaudación aumentó un 12,2 % hasta noviembre, cuatro puntos menos que en el conjunto del Estado, lo que se tradujo en casi 890 millones adicionales, a repartir entre la Hacienda estatal y la autonómica, ya que parte de los ingresos por IRPF, IVA o impuestos especiales como el de los hidrocarburos se los queda la comunidad.

Pero, ¿de dónde proceden esos 80 millones adicionales que cada mes se tributan en Galicia? El impuesto que más crece, en términos de volumen, es el IRPF, con más de 500 millones adicionales recaudados entre enero y noviembre, lo que se explica por el incremento del número de cotizantes y también por las subidas salariales, contribuyendo ambas variables a ensanchar las bases imponibles. Lo mismo ocurre en el conjunto de España, donde los mayores ingresos por retenciones en nómina, sumados a que aumentaron las declaraciones de la renta a pagar y se redujeron las devoluciones, dejaron en el erario 14.000 millones más por IRPF que en los once primeros meses del año anterior.

El consumo frena en Galicia

Sin embargo, en términos relativos, el mayor crecimiento porcentual se da en el impuesto sobre sociedades, que recaudó un 24 % más a nivel estatal y casi lo mismo (un 23,8 %) en Galicia. Mucha más disparidad hay en el repunte de los ingresos por IVA, que crecieron un 6 % en la comunidad y un 19 % en el conjunto de España, lo que muestra un mayor frenazo del gasto entre los consumidores gallegos.

Ambos impuestos están muy condicionados por la inflación, ya que esta aumenta el coste de los productos que se toma como base impositiva del IVA pero, como ha constatado el Banco de España, también ha sido aprovechada por muchas empresas para aumentar sus márgenes y, por tanto, elevar beneficios.

Pero, a diferencia de lo que ocurre con el IRPF y el IVA, que están en máximos históricos, la recaudación por sociedades sigue muy por debajo de los niveles previos al estallido de la burbuja inmobiliaria, pese a medidas como la imposición de tipos mínimos de tributación. La explicación hay que buscarla, en buena medida, en que las empresas aún se están descontando las bases imponibles negativas de los años de la crisis, ya que desde la reforma fiscal del 2015 no hay límite de tiempo para compensarlas.

Aunque la inflación es, junto al crecimiento económico y del empleo, el principal motor que explica la mayor recaudación por impuestos, son más los factores que han contribuido a mejorar los ingresos tributarios en los últimos meses. El principal, el debilitamiento de la economía sumergida a raíz de la pandemia. Porque si el comercio electrónico lleva años en auge, durante el confinamiento alcanzó cifras nunca vistas. Y lo mismo ocurrió con los pagos con medios electrónicos, como móvil o tarjetas. Operaciones que, como explica Ransés Pérez Boga, presidente de la Asociación Profesional de Inspectores de Hacienda, «tienen trazabilidad, y las operaciones que son trazables son menos propensas a defraudar».

A esto hay que sumar, añade, el incentivo de las ayudas públicas desplegadas para paliar los efectos de la pandemia, como los ERTE o las ayudas a los autónomos, que no solo sostuvieron rentas y, por tanto, recaudación, sino que incentivaron a aflorar empleos o ingresos que se mantenían ocultos al fisco para poder beneficiarse de las ayudas públicas en momentos de restricción de la actividad.

Una idea en la que abunda Alberto Vaquero, profesor de Economía en la Universidade de Vigo y miembro del grupo de investigación GEN, que a todos los factores anteriores añade la no deflactación de los tramos y tarifas de los impuestos, al menos en su parte estatal (hay comunidades como Galicia, Madrid, Andalucía y Murcia que sí ajustaron sus escalas del IRPF): «Es cierto que al no deflactar las tarifas se ha recaudado más, especialmente en los impuestos directos progresivos y en menor medida en los directos proporcionales, pero también que la situación económica ha mejorado y en base al comportamiento esperado de los impuestos como mecanismos de estabilización automática, la recaudación ha mejorado. Además, ese miedo que había al frenazo económico parece que se está disipando, por lo que es probable que la recaudación siga aumentando, aunque a niveles inferiores a los experimentados en los últimos meses».

A todos esos vientos de cola hay que añadir, explica Pérez Boga, «el énfasis que está poniendo la Agencia Tributaria en incentivar el cumplimiento voluntario», y pone como ejemplo las cartas de advertencia enviadas a arrendadores o inversores en criptomonedas para recordarles su obligación de declarar las ganancias de su actividad. «En ciertos casos es gente que antes no declaraba y ahora sí», apunta el presidente de los inspectores de Hacienda, que constata un crecimiento de la recaudación en período voluntario. Y luego están, dice, los efectos inducidos de las inspecciones, ya que hay estudios que muestran que aquellos contribuyentes que son objeto de control por parte de las autoridades fiscales incrementan de media entre un 23 y un 30 % su nivel de tributación en los años posteriores a la inspección.

Discrepancia con el PIB

Pese a todos esos factores que contribuyen a incrementar la recaudación, son muchas las voces que cuestionan el desfase entre el incremento de los ingresos tributarios, en récord histórico (al igual que ocurre con otros registros administrativos, como las afiliaciones a la Seguridad Social), y las cifras de crecimiento del PIB, que apunta a que la economía española todavía no habría recuperado el nivel de actividad previo a la pandemia. En esa línea apunta Miguel Artola, profesor en la Universidad Carlos III de Madrid y autor, junto a Francisco Melis, de una serie de artículos sobre las inconsistencias en la estadística del INE, especialmente teniendo en cuenta que este usa numerosos datos fiscales como base para su estimación.

En ese sentido, Artola cuestiona que los datos de consumo que ofrece el PIB ya son inferiores, en algunos sectores, a los declarados por los contribuyentes a la Agencia Tributaria, un sinsentido desde el punto en que la estadística del INE debería incluir también la economía sumergida. Y algo parecido pasa con los salarios, especialmente en el sector servicios, o con los rendimientos de los autónomos. Un desfase que, entiende, se habría originado al inicio de la pandemia, al introducir cambios metodológicos para ajustar los cálculos a la nueva situación y que, casi tres años después, aún no se ha corregido, dando lugar a un desfase en el crecimiento real de la economía española que él estima en el 5 %.

Ese desfase explicaría, apunta, que el fraude por IVA en España se redujese el 2020, según los cálculos de la Comisión Europea (que toma como base el consumo estimado por el INE), al 4,7 %, el sexto menor de toda la UE (incluso por debajo de Alemania) y más de dos puntos por debajo del año anterior. Con riesgo, advierte Artola, de que si no se ajustan los cálculos del PIB, en las próximas ediciones del estudio se pueda producir una anomalía estadística: «Que haya fraude negativo», es decir, que los contribuyentes paguen más IVA por las operaciones declaradas al fisco que el que, de acuerdo a los datos de consumo de la contabilidad nacional, correspondería pagar incluyendo las transacciones que se ocultan al fisco.