Fin del verano: desasosiego y ruido

Xosé Carlos Arias
Xosé Carlos Arias CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA DE LA UNIVERSIDADE DE VIGO

MERCADOS

HANNIBAL HANSCHKE | REUTERS

04 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando nos encaminamos hacia el temido otoño —que algunos anuncian como el «de nuestro descontento»— no estará mal detenerse en algunos hechos y tendencias que caracterizan este momento tan particular. Para empezar, parece evidente que volvemos al trabajo envueltos en una nube de desasosiego. En los últimos meses ha resonado una especie de carpe díem: vamos a disfrutar del verano (la casi plena recuperación del turismo va en esa dirección), que para después nos está esperando una muy gorda. ¿Será para tanto?

Resulta poco tranquilizadora la omnipresencia de tres palabras críticas: energía, inflación y recesión. Todo condicionado por el entorno de tensiones geoestratégicas y por algunas disrupciones políticas (como el casi seguro y próximo triunfo de la extrema derecha italiana). Si en medio de tanta incertidumbre hay algo que podemos dar por cierto es que los próximos meses serán de dificultad extrema en materia energética. La combinación de escasez y carestía puede provocar alteraciones profundas en los sistemas productivos de algunos países, como Alemania, lo que dejará efectos sobre el conjunto europeo. Acaso lo peor sean las contraproducentes medidas a largo plazo —como la reciente bajada del IVA al gas en España— y el daño que puede hacer a las políticas contra el cambio climático, que ahora experimentan notables retrocesos.

Respecto a la evolución de los precios, las tensiones inflacionistas se están manteniendo más intensas y duraderas de lo que casi todas las predicciones auguraban. De hecho, es notable que en España se haya cumplido un trimestre por encima del umbral crítico del 10 %. Y con respecto a la recesión, en la que EE. UU. ya se encuentra técnicamente sumido, las economías europeas centrales se encaminan con fuerza en esa dirección: no hay duda de que dentro de seis meses el conjunto de la eurozona se encontrará en recesión. El deterioro de la confianza empresarial es una señal inequívoca. Además, algunas decisiones políticas van a apuntalar esa tendencia. De un modo destacado, el BCE, atenazado por difíciles dilemas, dará prioridad a la lucha contra la inflación (y quizá también a una cierta defensa del euro), procediendo casi de inmediato a subidas adicionales de tipos.