¿Justicia poética? Cuidado

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La ministra Teresa Ribera, en Oviedo
La ministra Teresa Ribera, en Oviedo Paco Paredes | EFE

07 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

«No aceptamos el recorte. Aquí no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades energéticas». Son palabras de la ministra Teresa Ribera, que a muchos les habrán sabido a gloria. Después de soportar durante años —los duros años de la crisis soberana en la eurozona? aquellas historias de cigarras gastadoras (nosotros) frente hormigas hacendosas (las austera Alemania y sus socios), la frase sonó a segunda ronda, en la que la venganza se sirve fría. Y es verdad que recordando a aquel innombrable presidente holandés del Eurogrupo — «no puedo gastarme el dinero en alcohol y mujeres y luego pedir ayuda» —, al menos una sonrisa puede estar justificada ahora, cuando son aquellos países los que necesitan que les echen una mano.

Y sin embargo, en la actuación de la ministra, recogida por la prensa internacional, ha habido algo de exceso y podría originar problemas en un futuro quizá no lejano. No digo que haya sido exactamente un error. De hecho, Ribera, que no se olvide antes de ser ministra era una reputada especialista internacional en temas energéticos, fue recibida en Bruselas con una atención inusitada, y sobre todo, sus presiones han dado fruto al limitarse el recorte de consumo para España al 7 %, menos de la mitad del compromiso general. El problema puede estar, sin embargo, en el mensaje que deja.

Cabe recordar que en el 2003 el presidente Aznar se permitió hacer algún comentario algo peor que sarcástico sobre el incumplimiento que en aquel momento se daba de las reglas fiscales del euro por parte de Alemania: «Minan la credibilidad de la Unión Europea», afirmó, olvidando que un 1 % del crecimiento español de entonces se debía a la entrada de fondos estructurales, procedentes en una parte significativa… de Alemania. No hay que decir que el asunto fue recordado una década después, cuando la crisis financiera arreciaba y nuestra prima de riesgo se asomaba al abismo.